ECONOMÍA SOLIDARIA
Resumen
La Economía Solidaria es un modelo económico incluyente, el cual considera las capacidades y potencialidades de cada individuo con equidad como base de la construcción de relaciones justas, libres y democráticas en la integración de un desarrollo social.
El trabajo colectivo es la semilla de la Economía Solidaria; nos da la oportunidad de potenciar las cualidades de cada persona y de ayudarnos mutuamente a superar todo lo que detiene el crecimiento del grupo y de la sociedad en su conjunto.
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Para ser socializado el día de la tutoría
martes, 15 de noviembre de 2011
viernes, 30 de septiembre de 2011
jueves, 29 de septiembre de 2011
TIPOS DE EMPRESAS
Tipos de Empresa Clasificados Según Diversos Criterios:
Los criterios más habituales para establecer una tipología de las empresas, son los siguientes:
• Según el Sector de Actividad:
o Empresas del Sector Primario: También denominado extractivo, ya que el elemento básico de la actividad se obtiene directamente de la naturaleza: agricultura, ganadería, caza, pesca, extracción de áridos, agua, minerales, petróleo, energía eólica, etc.
o Empresas del Sector Secundario o Industrial: Se refiere a aquellas que realizan algún proceso de transformación de la materia prima. Abarca actividades tan diversas como la construcción, la óptica, la maderera, la textil, etc.
o Empresas del Sector Terciario o de Servicios: Incluye a las empresas cuyo principal elemento es la capacidad humana para realizar trabajos físicos o intelectuales. Comprende también una gran variedad de empresas, como las de transporte, bancos, comercio, seguros, hotelería, asesorías, educación, restaurantes, etc.
• Según el Tamaño: Existen diferentes criterios que se utilizan para determinar el tamaño de las empresas, como el número de empleados, el tipo de industria, el sector de actividad, el valor anual de ventas, etc. Sin embargo, e indistintamente el criterio que se utilice, las empresas se clasifican según su tamaño en:
o Grandes Empresas: Se caracterizan por manejar capitales y financiamientos grandes, por lo general tienen instalaciones propias, sus ventas son de varios millones de dólares, tienen miles de empleados de confianza y sindicalizados, cuentan con un sistema de administración y operación muy avanzado y pueden obtener líneas de crédito y préstamos importantes con instituciones financieras nacionales e internacionales.
o Medianas Empresas: En este tipo de empresas intervienen varios cientos de personas y en algunos casos hasta miles, generalmente tienen sindicato, hay áreas bien definidas con responsabilidades y funciones, tienen sistemas y procedimientos automatizados .
o Pequeñas Empresas: En términos generales, las pequeñas empresas son entidades independientes, creadas para ser rentables, que no predominan en la industria a la que pertenecen, cuya venta anual en valores no excede un determinado tope y el número de personas que las conforman no excede un determinado límite [3].
o Microempresas: Por lo general, la empresa y la propiedad son de propiedad individual, los sistemas de fabricación son prácticamente artesanales, la maquinaria y el equipo son elementales y reducidos, los asuntos relacionados con la administración, producción, ventas y finanzas son elementales y reducidos y el director o propietario puede atenderlos personalmente .
• Según la Propiedad del Capital: Se refiere a si el capital está en poder de los particulares, de organismos públicos o de ambos. En sentido se clasifican en:
o Empresa Privada: La propiedad del capital está en manos privadas.
o Empresa Pública: Es el tipo de empresa en la que el capital le pertenece al Estado, que puede ser Nacional, Provincial o Municipal.
o Empresa Mixta: Es el tipo de empresa en la que la propiedad del capital es compartida entre el Estado y los particulares.
• Según el Ámbito de Actividad: Esta clasificación resulta importante cuando se quiere analizar las posibles relaciones e interaccionesentre la empresa y su entorno político, económico o social. En este sentido las empresas se clasifican en:
o Empresas Locales: Aquellas que operan en un pueblo, ciudad o municipio.
o Empresas Provinciales: Aquellas que operan en el ámbito geográfico de una provincia o estado de un país.
o Empresas Regionales: Son aquellas cuyas ventas involucran a varias provincias o regiones.
o Empresas Nacionales: Cuando sus ventas se realizan en prácticamente todo el territorio de un país o nación.
o Empresas Multinacionales: Cuando sus actividades se extienden a varios países y el destino de sus recursos puede ser cualquier país.
• Según el Destino de los Beneficios: Según el destino que la empresa decida otorgar a los beneficios económicos (excedente entre ingresos y gastos) que obtenga, pueden categorizarse en dos grupos:
o Empresas con Ánimo de Lucro: Cuyos excedentes pasan a poder de los propietarios, accionistas, etc...
o Empresas sin Ánimo de Lucro: En este caso los excedentes se vuelcan a la propia empresa para permitir su desarrollo
• Según la Forma Jurídica: La legislación de cada país regula las formas jurídicas que pueden adoptar las empresas para el desarrollo de su actividad. La elección de su forma jurídica condicionará la actividad, las obligaciones, los derechos y las responsabilidades de la empresa. En ese sentido, las empresas se clasifican —en términos generales— en:
o Unipersonal: El empresario o propietario, persona con capacidad legal para ejercer el comercio, responde de forma ilimitada con todo su patrimonio ante las personas que pudieran verse afectadas por el accionar de la empresa.
o Sociedad Colectiva: En este tipo de empresas de propiedad de más de una persona, los socios responden también de forma ilimitada con su patrimonio, y existe participación en la dirección o gestión de la empresa.
o Cooperativas: No poseen ánimo de lucro y son constituidas para satisfacer las necesidades o intereses socioeconómicos de los cooperativistas, quienes también son a la vez trabajadores, y en algunos casos también proveedores y clientes de la empresa.
o Comanditarias: Poseen dos tipos de socios: a) los colectivos con la característica de la responsabilidad ilimitada, y los comanditarios cuya responsabilidad se limita a la aportación de capital efectuado.
o Sociedad de Responsabilidad Limitada: Los socios propietarios de éstas empresas tienen la característica de asumir una responsabilidad de carácter limitada, respondiendo solo por capital o patrimonio que aportan a la empresa.
o Sociedad Anónima: Tienen el carácter de la responsabilidad limitada al capital que aportan, pero poseen la alternativa de tener las puertas abiertas a cualquier persona que desee adquirir acciones de la empresa. Por este camino, estas empresas pueden realizar ampliaciones de capital, dentro de las normas que las regulan.
Tipos de Empresa en Economías de Mercado:
Según Samuelson y Nordhaus, en las economías de mercado se produce una amplia variedad de organizaciones empresariales que van desde las más pequeñas empresas de propiedad individual hasta las gigantescas sociedades anónimas que dominan la vida económica en las economías capitalistas.
Esta amplia variedad de organizaciones empresariales se divide —en términos generales— en los siguientes tipos de empresa:
• Empresas de propiedad individual: Por lo general, este tipo de empresa se halla constituida por el profesional, el artesano o el comerciante que opera por su cuenta un despacho, un taller o una tienda; sin embargo, en la actualidad también se debe considerar a los millones de teletrabajadores o emprendedores en internet que han iniciado y mantienen un negocio en la Red o prestan servicios a través de ella.
La empresa individual tiene un inconveniente, el de no poder extenderse generalmente más allá de cierto límite, porque depende de una sola persona; si esta muere, envejece o enferma, la empresa puede desaparecer aún cuando su continuación pudiera haber sido tan beneficiosa para la comunidad o sus servidores.
• Sociedad colectiva: Dos o más personas cualesquiera pueden unirse y formar una sociedad colectiva. Cada una acuerda aportar parte del trabajo y del capital, quedarse con un porcentaje de los beneficios y compartir, desde luego, las pérdidas o las deudas.
La sociedad colectiva se caracteriza por tener socios que responden solidaria e ilimitadamente por las deudas de la sociedad. Si una persona (un socio) posee un 1 por 100 de ésta y quiebra, entonces deberá pagar el 1 por 100 de la deudas y los demás socios el 99 por 100. Pero si los demás socios no pueden pagar, esta persona podría ser obligada a pagarlo todo, incluso aunque eso significara vender sus apreciadas propiedades para ello.
El peligro de la responsabilidad ilimitada y la dificultad de obtener fondos explican por qué las sociedades colectivas tienden a ser empresas pequeñas y personales, como las agrícolas y el comercio al por menor. Sencillamente, son demasiado arriesgadas en la mayoría de las situaciones.
• Sociedad anónima: Es una entidad jurídica independiente y, de hecho, es una —persona— jurídica que puede comprar, vender, pedir créditos, producir bienes y servicios y firmar contratos. Disfruta además, de responsabilidad limitada, lo que quiere decir que la inversión y la exposición financiera de cada propietario en ella se limita estrictamente a una cantidad específica.
Este tipo de empresa, se caracteriza por incorporar a muchos socios accionistas quienes aportan dinero para formar un capital social cuyo monto posibilita realizar operaciones que serían imposibles para el organizador en forma individual.
Las características de la sociedad anónima son:
A) El capital está representado por acciones.
B) Los accionistas o socios que la forman, frente a las obligaciones contraídas tienen una responsabilidad limitada.
C) Son estrictamente sociedades de capitales; el número de sus accionistas es ilimitado, y esto le permite reunir y utilizar los capitales de muchas personas.
D) Tiene existencia ilimitada, la muerte o la incapacidad de algunos de sus socios no implica la disolución de la sociedad.
E) La razón social debe ser adecuada al objeto para el cual se ha constituido; no se designa con el nombre de los socios.
Según Samuelson y Nordhaus, en las economías de mercado avanzadas, la actividad económica se encuentra en su mayor parte en las sociedades anómimas privadas.
Para terminar este punto, cabe señalar que según Samuelson y Nordhaus, las empresas que predominan por su número son las diminutas. Pero las que dominan la economía por sus ventas y activos, por su poder político y económico y por el volumen de su nómina y empleo son los pocos cientos de grandes sociedades anónimas.
ENTIDADES SIN ANIMO DE LUCRO
***
Por Gustavo Adolfo Collo
***
Desde hace algunos años he mirando con preocupación, en sentido profesional, cómo en el Municipio se crean diferentes entidades sin ánimo de lucro (llámense corporaciones, fundaciones, asociaciones, cooperativas, etc.) las cuales, según lo determinan las normas, su objeto y recursos, deben estar destinadas a actividades de salud, deporte, educación formal, cultura, investigación científica o tecnológica, ecología, protección ambiental o a programas de desarrollo social, donde sus asociados no buscan lucro o ganancias particulares sino el bienestar general.
***
La preocupación se da porque los fundadores de esta clase de sociedades piensan que al tramitar la Personería Jurídica y sacar la certificación de la Cámara de Comercio, el registro del ente de control respectivo y diligenciar el Registro Único Tributario (RUT), donde se le asigna el Número de Identificación Tributaria (NIT) ante la DIAN, se termina con las obligaciones. No, por el contrario, deben entender que acaba de surgir una persona jurídica, a quien le nacen unos compromisos particulares, la cual por ser un ente inmaterial debe tener un representante legal (persona natural) que como su nombre lo indica, la representa legal y judicialmente; persona a quien nombra la junta o consejo directivo y éste a la vez es elegido por la asamblea general que es la máxima autoridad de la entidad, quien también elige los otros órganos administrativos y de vigilancia, y al revisor fiscal principal y suplente, quienes deben ser contadores públicos con tarjeta profesional y antecedentes disciplinarios al día; órganos que son los responsables naturales para el cumplimiento de las obligaciones que tiene la persona jurídica, cada uno con unas funciones especificas contempladas en los estatutos de la sociedad y en las normas particulares que ha definido el Estado para su control y vigilancia.
Debe haber una asamblea general ordinaria (reunión) antes del 31 de marzo de cada año, en la cual se evalúa todo lo concerniente al año anterior (enero 1 a diciembre 31) a través de los informes (administrativos y financieros) que presenta la junta o consejo directivo, incluidos los cinco estados financieros básicos: balance general, estado de resultados (o excedentes), estado de cambio en el patrimonio, estado de cambio en la situación financiera, estado de flujo de efectivo y notas a los estados financieros, debidamente firmados por el representante legal, el contador y el revisor fiscal, informe (con dictamen de los estados financieros) del revisor fiscal, informe de los diferentes órganos administrativos y de vigilancia, todos los informes deben ser aprobados o desaprobados por la asamblea general con sus respectivas consecuencias; éstas se llaman asambleas generales ordinarias informativas y, como lo dije anteriormente, son anuales y obligatorias, también puede haber asambleas generales ordinarias electivas, que como su nombre lo indica, en ellas se eligen los dignatarios de acuerdo a los periodos establecidos en los estatutos y hay asambleas donde se dan la combinación de las dos modalidades. Puede haber asambleas generales extraordinarias en cualquier época del año, se convocan como lo determinen los estatutos y se tratan única y exclusivamente los temas para la cual fueron convocadas.
Ánimo de lucro
Realizar cualquier acción con el propósito de obtener un beneficio económico a cambio, es decir, con el propósito de lucrarse. Aunque todas las empresas se constituyen con ánimo de lucro, existen algunas organizaciones cuya finalidad es realizar determinada labor social o benéfica, para lo que destinan los beneficios obtenidos, pasándose a denominar entidades sin ánimo de lucro. Otro aspecto a destacar es que existen determinadas actividades en las que la existencia o no de ánimo de lucro es determinante. Por ejemplo, tener droga para consumo propio se considera una falta que con lleva una sanción administrativa en España, mientras que tenerla para venderla (ánimo de lucro) es un delito penal de tráfico de estupefacientes. Igualmente, copiar material sujeto a derechos de autor (excepto si tenemos el original y la copia es de seguridad) es una falta, pero si vendemos esa copia estamos cometiendo un delito contra la propiedad intelectual.
Los criterios más habituales para establecer una tipología de las empresas, son los siguientes:
• Según el Sector de Actividad:
o Empresas del Sector Primario: También denominado extractivo, ya que el elemento básico de la actividad se obtiene directamente de la naturaleza: agricultura, ganadería, caza, pesca, extracción de áridos, agua, minerales, petróleo, energía eólica, etc.
o Empresas del Sector Secundario o Industrial: Se refiere a aquellas que realizan algún proceso de transformación de la materia prima. Abarca actividades tan diversas como la construcción, la óptica, la maderera, la textil, etc.
o Empresas del Sector Terciario o de Servicios: Incluye a las empresas cuyo principal elemento es la capacidad humana para realizar trabajos físicos o intelectuales. Comprende también una gran variedad de empresas, como las de transporte, bancos, comercio, seguros, hotelería, asesorías, educación, restaurantes, etc.
• Según el Tamaño: Existen diferentes criterios que se utilizan para determinar el tamaño de las empresas, como el número de empleados, el tipo de industria, el sector de actividad, el valor anual de ventas, etc. Sin embargo, e indistintamente el criterio que se utilice, las empresas se clasifican según su tamaño en:
o Grandes Empresas: Se caracterizan por manejar capitales y financiamientos grandes, por lo general tienen instalaciones propias, sus ventas son de varios millones de dólares, tienen miles de empleados de confianza y sindicalizados, cuentan con un sistema de administración y operación muy avanzado y pueden obtener líneas de crédito y préstamos importantes con instituciones financieras nacionales e internacionales.
o Medianas Empresas: En este tipo de empresas intervienen varios cientos de personas y en algunos casos hasta miles, generalmente tienen sindicato, hay áreas bien definidas con responsabilidades y funciones, tienen sistemas y procedimientos automatizados .
o Pequeñas Empresas: En términos generales, las pequeñas empresas son entidades independientes, creadas para ser rentables, que no predominan en la industria a la que pertenecen, cuya venta anual en valores no excede un determinado tope y el número de personas que las conforman no excede un determinado límite [3].
o Microempresas: Por lo general, la empresa y la propiedad son de propiedad individual, los sistemas de fabricación son prácticamente artesanales, la maquinaria y el equipo son elementales y reducidos, los asuntos relacionados con la administración, producción, ventas y finanzas son elementales y reducidos y el director o propietario puede atenderlos personalmente .
• Según la Propiedad del Capital: Se refiere a si el capital está en poder de los particulares, de organismos públicos o de ambos. En sentido se clasifican en:
o Empresa Privada: La propiedad del capital está en manos privadas.
o Empresa Pública: Es el tipo de empresa en la que el capital le pertenece al Estado, que puede ser Nacional, Provincial o Municipal.
o Empresa Mixta: Es el tipo de empresa en la que la propiedad del capital es compartida entre el Estado y los particulares.
• Según el Ámbito de Actividad: Esta clasificación resulta importante cuando se quiere analizar las posibles relaciones e interaccionesentre la empresa y su entorno político, económico o social. En este sentido las empresas se clasifican en:
o Empresas Locales: Aquellas que operan en un pueblo, ciudad o municipio.
o Empresas Provinciales: Aquellas que operan en el ámbito geográfico de una provincia o estado de un país.
o Empresas Regionales: Son aquellas cuyas ventas involucran a varias provincias o regiones.
o Empresas Nacionales: Cuando sus ventas se realizan en prácticamente todo el territorio de un país o nación.
o Empresas Multinacionales: Cuando sus actividades se extienden a varios países y el destino de sus recursos puede ser cualquier país.
• Según el Destino de los Beneficios: Según el destino que la empresa decida otorgar a los beneficios económicos (excedente entre ingresos y gastos) que obtenga, pueden categorizarse en dos grupos:
o Empresas con Ánimo de Lucro: Cuyos excedentes pasan a poder de los propietarios, accionistas, etc...
o Empresas sin Ánimo de Lucro: En este caso los excedentes se vuelcan a la propia empresa para permitir su desarrollo
• Según la Forma Jurídica: La legislación de cada país regula las formas jurídicas que pueden adoptar las empresas para el desarrollo de su actividad. La elección de su forma jurídica condicionará la actividad, las obligaciones, los derechos y las responsabilidades de la empresa. En ese sentido, las empresas se clasifican —en términos generales— en:
o Unipersonal: El empresario o propietario, persona con capacidad legal para ejercer el comercio, responde de forma ilimitada con todo su patrimonio ante las personas que pudieran verse afectadas por el accionar de la empresa.
o Sociedad Colectiva: En este tipo de empresas de propiedad de más de una persona, los socios responden también de forma ilimitada con su patrimonio, y existe participación en la dirección o gestión de la empresa.
o Cooperativas: No poseen ánimo de lucro y son constituidas para satisfacer las necesidades o intereses socioeconómicos de los cooperativistas, quienes también son a la vez trabajadores, y en algunos casos también proveedores y clientes de la empresa.
o Comanditarias: Poseen dos tipos de socios: a) los colectivos con la característica de la responsabilidad ilimitada, y los comanditarios cuya responsabilidad se limita a la aportación de capital efectuado.
o Sociedad de Responsabilidad Limitada: Los socios propietarios de éstas empresas tienen la característica de asumir una responsabilidad de carácter limitada, respondiendo solo por capital o patrimonio que aportan a la empresa.
o Sociedad Anónima: Tienen el carácter de la responsabilidad limitada al capital que aportan, pero poseen la alternativa de tener las puertas abiertas a cualquier persona que desee adquirir acciones de la empresa. Por este camino, estas empresas pueden realizar ampliaciones de capital, dentro de las normas que las regulan.
Tipos de Empresa en Economías de Mercado:
Según Samuelson y Nordhaus, en las economías de mercado se produce una amplia variedad de organizaciones empresariales que van desde las más pequeñas empresas de propiedad individual hasta las gigantescas sociedades anónimas que dominan la vida económica en las economías capitalistas.
Esta amplia variedad de organizaciones empresariales se divide —en términos generales— en los siguientes tipos de empresa:
• Empresas de propiedad individual: Por lo general, este tipo de empresa se halla constituida por el profesional, el artesano o el comerciante que opera por su cuenta un despacho, un taller o una tienda; sin embargo, en la actualidad también se debe considerar a los millones de teletrabajadores o emprendedores en internet que han iniciado y mantienen un negocio en la Red o prestan servicios a través de ella.
La empresa individual tiene un inconveniente, el de no poder extenderse generalmente más allá de cierto límite, porque depende de una sola persona; si esta muere, envejece o enferma, la empresa puede desaparecer aún cuando su continuación pudiera haber sido tan beneficiosa para la comunidad o sus servidores.
• Sociedad colectiva: Dos o más personas cualesquiera pueden unirse y formar una sociedad colectiva. Cada una acuerda aportar parte del trabajo y del capital, quedarse con un porcentaje de los beneficios y compartir, desde luego, las pérdidas o las deudas.
La sociedad colectiva se caracteriza por tener socios que responden solidaria e ilimitadamente por las deudas de la sociedad. Si una persona (un socio) posee un 1 por 100 de ésta y quiebra, entonces deberá pagar el 1 por 100 de la deudas y los demás socios el 99 por 100. Pero si los demás socios no pueden pagar, esta persona podría ser obligada a pagarlo todo, incluso aunque eso significara vender sus apreciadas propiedades para ello.
El peligro de la responsabilidad ilimitada y la dificultad de obtener fondos explican por qué las sociedades colectivas tienden a ser empresas pequeñas y personales, como las agrícolas y el comercio al por menor. Sencillamente, son demasiado arriesgadas en la mayoría de las situaciones.
• Sociedad anónima: Es una entidad jurídica independiente y, de hecho, es una —persona— jurídica que puede comprar, vender, pedir créditos, producir bienes y servicios y firmar contratos. Disfruta además, de responsabilidad limitada, lo que quiere decir que la inversión y la exposición financiera de cada propietario en ella se limita estrictamente a una cantidad específica.
Este tipo de empresa, se caracteriza por incorporar a muchos socios accionistas quienes aportan dinero para formar un capital social cuyo monto posibilita realizar operaciones que serían imposibles para el organizador en forma individual.
Las características de la sociedad anónima son:
A) El capital está representado por acciones.
B) Los accionistas o socios que la forman, frente a las obligaciones contraídas tienen una responsabilidad limitada.
C) Son estrictamente sociedades de capitales; el número de sus accionistas es ilimitado, y esto le permite reunir y utilizar los capitales de muchas personas.
D) Tiene existencia ilimitada, la muerte o la incapacidad de algunos de sus socios no implica la disolución de la sociedad.
E) La razón social debe ser adecuada al objeto para el cual se ha constituido; no se designa con el nombre de los socios.
Según Samuelson y Nordhaus, en las economías de mercado avanzadas, la actividad económica se encuentra en su mayor parte en las sociedades anómimas privadas.
Para terminar este punto, cabe señalar que según Samuelson y Nordhaus, las empresas que predominan por su número son las diminutas. Pero las que dominan la economía por sus ventas y activos, por su poder político y económico y por el volumen de su nómina y empleo son los pocos cientos de grandes sociedades anónimas.
ENTIDADES SIN ANIMO DE LUCRO
***
Por Gustavo Adolfo Collo
***
Desde hace algunos años he mirando con preocupación, en sentido profesional, cómo en el Municipio se crean diferentes entidades sin ánimo de lucro (llámense corporaciones, fundaciones, asociaciones, cooperativas, etc.) las cuales, según lo determinan las normas, su objeto y recursos, deben estar destinadas a actividades de salud, deporte, educación formal, cultura, investigación científica o tecnológica, ecología, protección ambiental o a programas de desarrollo social, donde sus asociados no buscan lucro o ganancias particulares sino el bienestar general.
***
La preocupación se da porque los fundadores de esta clase de sociedades piensan que al tramitar la Personería Jurídica y sacar la certificación de la Cámara de Comercio, el registro del ente de control respectivo y diligenciar el Registro Único Tributario (RUT), donde se le asigna el Número de Identificación Tributaria (NIT) ante la DIAN, se termina con las obligaciones. No, por el contrario, deben entender que acaba de surgir una persona jurídica, a quien le nacen unos compromisos particulares, la cual por ser un ente inmaterial debe tener un representante legal (persona natural) que como su nombre lo indica, la representa legal y judicialmente; persona a quien nombra la junta o consejo directivo y éste a la vez es elegido por la asamblea general que es la máxima autoridad de la entidad, quien también elige los otros órganos administrativos y de vigilancia, y al revisor fiscal principal y suplente, quienes deben ser contadores públicos con tarjeta profesional y antecedentes disciplinarios al día; órganos que son los responsables naturales para el cumplimiento de las obligaciones que tiene la persona jurídica, cada uno con unas funciones especificas contempladas en los estatutos de la sociedad y en las normas particulares que ha definido el Estado para su control y vigilancia.
Debe haber una asamblea general ordinaria (reunión) antes del 31 de marzo de cada año, en la cual se evalúa todo lo concerniente al año anterior (enero 1 a diciembre 31) a través de los informes (administrativos y financieros) que presenta la junta o consejo directivo, incluidos los cinco estados financieros básicos: balance general, estado de resultados (o excedentes), estado de cambio en el patrimonio, estado de cambio en la situación financiera, estado de flujo de efectivo y notas a los estados financieros, debidamente firmados por el representante legal, el contador y el revisor fiscal, informe (con dictamen de los estados financieros) del revisor fiscal, informe de los diferentes órganos administrativos y de vigilancia, todos los informes deben ser aprobados o desaprobados por la asamblea general con sus respectivas consecuencias; éstas se llaman asambleas generales ordinarias informativas y, como lo dije anteriormente, son anuales y obligatorias, también puede haber asambleas generales ordinarias electivas, que como su nombre lo indica, en ellas se eligen los dignatarios de acuerdo a los periodos establecidos en los estatutos y hay asambleas donde se dan la combinación de las dos modalidades. Puede haber asambleas generales extraordinarias en cualquier época del año, se convocan como lo determinen los estatutos y se tratan única y exclusivamente los temas para la cual fueron convocadas.
Ánimo de lucro
Realizar cualquier acción con el propósito de obtener un beneficio económico a cambio, es decir, con el propósito de lucrarse. Aunque todas las empresas se constituyen con ánimo de lucro, existen algunas organizaciones cuya finalidad es realizar determinada labor social o benéfica, para lo que destinan los beneficios obtenidos, pasándose a denominar entidades sin ánimo de lucro. Otro aspecto a destacar es que existen determinadas actividades en las que la existencia o no de ánimo de lucro es determinante. Por ejemplo, tener droga para consumo propio se considera una falta que con lleva una sanción administrativa en España, mientras que tenerla para venderla (ánimo de lucro) es un delito penal de tráfico de estupefacientes. Igualmente, copiar material sujeto a derechos de autor (excepto si tenemos el original y la copia es de seguridad) es una falta, pero si vendemos esa copia estamos cometiendo un delito contra la propiedad intelectual.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
GESTION DE EMPRESAS DE ECONOMIA SOLIDARIA
INTRODUCCIÓN
La Gestión Administrativa es un factor económico; esto es, es un conjunto de
elementos y fuerzas materiales e inmateriales que participa activamente en
los procesos y actividades económicas de una unidad empresarial y de la
economía en general.
La gestión es el poder hacer, es el poder decidir que hace parte de la
actuación humana en los procesos económicos en cualquiera de sus niveles
y fases, y por lo mismo se encuentra estrechamente ligado al factor
tecnológico, es decir, al saber hacer, que consiste en las competencias y
habilidades que permiten a una persona intervenir de forma eficiente en un
proceso decisorio, individual o colectivo, el cual es un componente subjetivo
de la economía que se desarrolla a través del estudio, se perfecciona con el
conocimiento practico que se acumula en cada persona, empresa o
sociedad, y que se va cristalizando en instrumentos de trabajo, en sistemas
técnicos, en rutinas de trabajo y en otros hechos productivos.
El desenvolvimiento de la gestión administrativa implica la convergencia de
tres elementos fundamentales:
1) La teoría; esto es, los conceptos que la explican y hacen evidente sus componentes, sus relaciones con los demás factores y sus diferencias respecto de otras modalidades empresariales; 2)La técnica; esto es, los procedimientos y mecanismos que se pueden aplicar en los procesos decisorios dentro de una empresa y en la economía; 3) Las estructuras de organización; es decir, las formas mediante las cuales se distribuyen y relacionan los sujetos que deciden, con los que ejecutan las decisiones, dando lugar a la división técnica y social del poder y las
jerarquías de las entidades y de la economía.
Aunque es evidente que existen componentes comunes en los procesos de
gestión administrativa de las diferentes modalidades de organización
empresarial, lo cierto es que se dan marcadas diferencias causadas,
principalmente, por la presencia en cada una de esas modalidades de
organización económica de racionalidades económicas y lógicas
operacionales especiales, de las cuales de deriva, por ejemplo, distintos
sujetos emprendedores y por lo mismo de objetivos, y una manera particular
de medición de la eficiencia económica, de combinación y relaciones entre
los factores económicos, y otras circunstancias que, sin lugar a dudas,
inciden sobre las formas de organizar y decidir acerca del funcionamiento y
desarrollo de las empresas.
En particular, sobre la gestión administrativa de las organizaciones de la
economía solidaria, la producción teórica y técnica no ha estado, ni está
actualmente, a la altura de las exigencias que estas entidades tienen para
consolidar su desarrollo y sus operaciones en el mercado económico. Quizás
esto ha sido la causa de las distintas problemáticas que las ha venido
afectando, pues ante la carencia de una teoría universal explicativa que
permita un proceso decisorio acorde con los objetivos particulares trazados
por la Comunidad y el Trabajo como categorías organizadoras, se han
utilizado elementos provenientes de la experiencia de las empresas
tradicionales privadas, cuyo fin es enriquecer el factor financiero, lo cual ha
generado no pocas contrariedades y problemas.
Pudiera decirse que la gestión de las empresas de economía solidaria, en
esencia, busca organizar racional y eficientemente las actividades de dicha
forma asociativa empresarial, orientadas al cumplimiento de sus fines
socioeconómicos, a asegurar el pleno aprovechamiento de las posibilidades
materiales y humanas y a integrar estrechamente a todos sus miembros
(asociados) en torno al objeto social.
La gestión de estas empresas está definida por el hecho de que ellas son
expresión de un sentido de organización comunitaria y social que busca
satisfacer las necesidades de sus miembros, a través de la propiedad y
gestión de los medios de producción. En estas organizaciones se concreta la
identidad entre propietario, usuario y gestor; identidad que no existe en
ninguna otra forma empresarial. De ahí que en estas empresas resulta
trascendental la autogestión, ya que la propiedad y la gestión están en las
mismas manos. En consecuencia, la esencia de esta gestión estriba en la
participación democrática de sus miembros.
Las empresas de economía solidaria, por tener una finalidad y un
funcionamiento interno diferentes al de otras formas empresariales, tienen
que considerar, en su gestión, situaciones que son propias de la doctrina de
la cooperación y la solidaridad. De ahí que no basta tener un conocimiento
general de la teoría administrativa para gestionar las empresas de economía
solidaria; se requiere, además, un ejercicio de comprensión de la teoría de la
cooperación y de la solidaridad.
En primer lugar debe tenerse en cuenta que en estas empresas sus objetivos
económicos están íntimamente ligados al cumplimiento de propósitos
sociales. El desarrollo de la gestión, adicionalmente, deberá estar orientado
por principios universales que definen su doctrina y que constituyen su
norma básica de acción y la pauta para su funcionamiento.
JUSTIFICACIÓN
Los seres humanos resuelven sus necesidades básicas, mediante el ensayo
de sistemas sociales que se acomodan a las diferentes circunstancias
históricas, la implementación de variados modelos económicos y la
organización racional de los factores productivos, aplicando, para el logro de
éste último propósito, unas determinadas prácticas empresariales.
El profesional de administración de empresas debe fundamentar su
formación en principios de ética social, con percepciones claras entre
empresa y comunidad y con una formación y enfoque hacia un cambio de
modelo de desarrollo, en donde la equidad y la viabilidad de superación de
las condiciones de vida tengan reales posibilidades de ocurrencia. Las
empresas asociativas y solidarias, constituyen uno de los medios para el
logro de tales propósitos.
Las formas empresariales basadas en procesos de participación solidaria
son comunes a todos los procesos históricos pero constituyen,
contemporáneamente, la alternativa de organización del trabajo de millones
de seres humanos, superando prácticas individualistas en los procesos de
producción social y generando nuevas economías de bienestar.
Estas formas de organización humana son un tipo especial de empresa en la
que predominan los factores Comunidad y Trabajo. Su estructura
administrativa manifiesta su especial naturaleza y sus propósitos
socioeconómicos.
1. LA EMPRESA Y SUS FUNCIONES
1.1. CONCEPTO DE EMPRESA
El término empresa se aplica para designar a un conjunto de recursos
humanos y técnicos que se encuentra organizado para lograr un objetivo
económico previamente determinado.
El Código de Comercio de Colombia explica que se entiende por empresa
toda actividad económica organizada para la producción, transformación,
circulación, administración o custodia de bienes, o para la prestación de
servicios. Dicha actividad se realizará a través de uno o más
establecimientos de comercio.
Hay que partir de considerar que la iniciativa individual es la base de
formación de la denominada empresa comercial. Muchas son las razones
que llevan a una persona a realizar un emprender de esta naturaleza.
Pueden mencionarse, entre otras, el deseo de alcanzar autonomía e
independencia, el mejoramiento del nivel de ingresos, el ejercicio de
liderazgo o la simple búsqueda de una alternativa de inversión. En todo caso,
quien se transforma en empresario busca un beneficio o ventaja de su
actividad, pero en el desarrollo de la misma hace extensivo dichos beneficios
a la sociedad, al ser la empresa una fuente generadora de empleo e ingresos
para otros y también formará parte del aparato productivo que satisface
necesidades de la comunidad.
Sin embargo, las organizaciones empresariales no sólo son de tipo
comercial, también lo pueden ser aquellos emprendimientos con una función
pública o una función solidaria, tal como se desprende de las tipologías que
se enunciarán más adelante.
En sentido general, la función de la empresa es la de servir de instrumento a
las formas asociativas o a cualquier forma de organización, para cumplir sus
objetivos, mediante la organización de los recursos sometidos a procesos
decisorios racionales, eficientes y oportunos.
Esto significa que la función de la empresa es servir a la forma asociativa
para que pueda cumplir sus objetivos. En tal sentido, la empresa debe
cumplir una doble función: social y económica
La función social: Es la que tiende a satisfacer las necesidades humanas
básicas, mediante la utilización racional de los recursos que brinda la
naturaleza y que el hombre, con todos los conocimientos adquiridos, puede
mejorar por medio de la técnica.
La función económica: Tiene por objeto producir las ganancias necesarias o
excedentes socialmente necesarias para garantizar el funcionamiento de la
empresa y la prestación de los servicios requeridos.
Para que la empresa sea un instrumento eficiente, debe garantizar una alta
productividad que se materialice en buenos resultados económicos, como
medio para realizar los objetivos programados. Debe estar fundamentada en
reglas claras y precisas que estén consignadas en los reglamentos y en los
estatutos.
La función económica demanda la utilización de modernas técnicas
empresariales, para el manejo financiero, la acción contable, los procesos
productivos y el sistema de control.
Toda empresa se caracteriza por poseer una estructura, la cual -en lenguaje
administrativo- representa la distribución ordenada de todas sus partes.
Dicho de otra manera, la estructura es la forma como se organizan todos los
elementos o recursos disponibles, para que la empresa pueda funcionar
ordenada y eficientemente.
1.2. AREAS FUNCIONALES
Siguiendo diversas aportaciones teóricas, se ha hecho común el señalar que
una actividad económica organizada empresarialmente agrupa sus
actividades en cuatro áreas funcionales principales: la producción, el
mercadeo, las finanzas y la administración del personal.
La primera área funcional busca la transformación de las materias diversas
en productos terminados, mediante la utilización de la fuerza humana y
técnica. El mercadeo dirige el flujo de bienes y servicios desde la empresa
hacia el consumidor. Las finanzas se encargan del manejo óptimo de los
recursos monetarios de la empresa. La última, busca el manejo eficiente de
los recursos humanos con que cuenta la empresa.
Existe una relación íntima entre cada una de estas áreas funcionales; de
modo que cualquier decisión que se tome en un área determinada, afectará
directa o indirectamente a las demás.
1.3. DIFERENTES TIPOLOGÍAS EMPRESARIALES
Para poder identificar las diferentes formas que adquiere la organización
empresarial, se debe partir de considerar que ellas –en todas sus
modalidades- se caracterizan por adelantar un determinado emprendimiento
de carácter económico en la medida en que su estructura interna estará
definida por la presencia de un conjunto de factores que tienen tal
racionalidad. Estas, desde el punto de vista de su formalidad jurídica, tienen
la capacidad de obtener la condición de PERSONAS.
Una persona es todo ser natural o ficticio que, por ley natural o normativa,
tiene la capacidad legal para desarrollar actividades económicas, sociales,
culturales, políticas o ecológicas. Se pueden clasificar en personas naturales,
jurídicas o sociedades de hecho.
Las personas naturales son todos aquellos individuos que tienen la
capacidad legal de actuar en sociedad sin importar su edad, sexo o religión,
adquiriendo derechos y obligaciones. Las personas jurídicas son los entes
ficticios (creados por los seres humanos) que obtienen una determinada
capacidad legal en tanto la ley les asigna poder para contratar y contraer
obligaciones con representación de una persona natural. Finalmente,
sociedad de hecho es un acuerdo que surge entre dos o más personas que
se obligan a realizar un determinado aporte (en dinero, trabajo u otro tipo de
bienes) para explotar una actividad comercial, con el ánimo de repartir las
utilidades entre sí; como no se constituyen legalmente no son personas
jurídicas, de modo que los derechos y obligaciones contraídas se consideran
a cargo o a favor de cada uno de los comprometidos.
Las personas jurídicas se clasifican en regulares e irregulares. Las regulares
son aquellas que se constituyen dentro de las formalidades de la ley y se
ciñen a todos los requisitos para su organización, funcionamiento, operación
y resultados. Son irregulares las que funcionan sin el cumplimiento o el lleno
de los requisitos que exige la ley.
Desde el punto de visita de su capacidad de realizar un determinado
emprendimiento económico, las personas jurídicas se clasifican de acuerdo
con la tipología que a continuación se tratará.
La primera clasificación tiene que ver con el origen e interés del
emprendimiento. Se pueden identificar como: a) organizaciones o formas
empresariales con función pública y de iniciativa estatal; b) organizaciones o
formas empresariales con función de inversión de capital y de iniciativa
privada de carácter lucrativo; c) organizaciones o formas empresariales con
función social y comunitaria y de iniciativa privada de carácter no lucrativo.
De modo que las personas jurídicas pueden ser de carácter público o
privado. En el primer caso se trata de las diferentes dependencias del Estado
(territorial o descentralizadamente concebidas). En el segundo caso, la
división de las organizaciones resulta más extensa, aunque podrán dividirse
en dos grandes grupos, así:
1) Las asociaciones y las fundaciones que tengan por principal objeto el bien
común, posean patrimonio propio, sean capaces legalmente de adquirir
bienes y no subsistan exclusivamente de asignaciones del Estado;
2) Las sociedades comerciales de todo tipo o entidades que, conforme a la
ley, tengan capacidad para adquirir derechos y contraer obligaciones,
aunque no requieran autorización expresa del Estado para funcionar.
Sin embargo, estas adquieren ciertas características de acuerdo con su
composición, finalidad y forma de ser gestionadas. Es generalmente
aceptado que las personas jurídicas de carácter privado son todas aquellas
cuya institución o regulación depende del derecho privado y se supeditan a
las regulaciones del Estado sólo en cuanto a sus obligaciones con los
diferentes grupos de interés. Un mejor agrupamiento de este conjunto de
iniciativas particulares, es el siguiente:
a) Las asociaciones, también llamadas corporaciones, que pueden tener
fines científicos, artísticos, deportivos, educativos, culturales, promocionales,
gremiales, mutualistas, etc.
b) Las fundaciones, que son entidades que se forman sobre la base de un
patrimonio destinado a fines altruistas.
c) Las sociedades comerciales en todas sus modalidades, que buscan
acrecentar una determinada inversión de capital formada individual o
colectivamente.
d) Las organizaciones cooperativas y asimiladas, que desarrollan un
determinado propósito social para sus miembros y la comunidad mediante la
formación de uno o varios emprendimientos económicos.
1.4. RESPONSABILIDADES DE LA ORGANIZACIÓN EMPRESARIAL
Todas las personas jurídicas tienen capacidad de derecho, es decir, tienen
aptitud de ser titulares de derechos pero carecen de capacidad de hecho, ya
que por su naturaleza deben hacerlo por medio de sus representantes
legales. Pueden realizar exclusivamente actos del derecho patrimonial y
obtener sólo aquellos derechos y obligaciones necesarios para cumplir con
los fines para los cuales fueren creadas.
Considerando las anteriores situaciones, puede indicarse que las personas
jurídicas asumen responsabilidades. Debe entenderse la responsabilidad
como la aptitud para ser sujeto pasivo de una sanción. Desde el punto de
vista legal, se someten a tres clases de responsabilidad: contractual,
extracontractual y penal.
Responsabilidad contractual: La persona jurídica responde en todos los
casos de los actos jurídicos realizados por sus representantes en ejercicio de
las atribuciones que le confieren las leyes; cuando exceden ese límite no
obligan a la persona jurídica sino a quienes los efectúan.
Responsabilidad extracontractual: Las personas jurídicas responden por los
hechos cometidos por sus directores o administradores con motivo o en
ejercicio de sus funciones, así como por los hechos producidos por las
personas de que se sirve o por las cosas que tiene a su cuidado.
Responsabilidad penal: Existen otras sanciones aplicables a la persona
jurídica, como, por ejemplo, las multas, cancelación de su registro, caducidad
de autorizaciones otorgados por el Estado, etc. Algunas leyes especiales
imponen sanciones penales a las personas naturales cuando las infracciones
hubieren sido cometidas en nombre o a beneficio de una persona jurídica,
sociedad o asociación o con intervención de alguno de sus órganos.
Ahora bien, en los últimos años, las responsabilidades se han venido
extendiendo, sobre todo en cuanto a sus relaciones con las comunidades, el
medio ambiente y los grupos de interés específicos, estableciéndose
normativas particulares en cada país.
1.5. PROCESOS REGISTRALES
Para su existencia legal y el mantenimiento de la misma, las personas
jurídicas deben seguir diversos procesos registrales de origen legal, entre los
que se cuentan como principales los siguientes: registro de constitución,
registro de libros, registro de actos administrativos.
Registro de Constitución:
Son aquellos procesos que permiten darle vida jurídica a la persona jurídica
(cualquiera que sea su tipología). Estos procesos adquieren diferencias de
acuerdo con dicha tipología.
En las sociedades comerciales, este proceso incluye:
a) Escritura Pública: Se eleva ante un notario público. En ella se definen
todas las directrices que gobiernan la empresa, tales como: razón social,
dirección, domicilio, objeto social, administración, número de socios y reparto
de utilidades.
b) Matrícula Mercantil: Se diligencia en la Cámara de Comercio en donde se
le asigna un código para que el nombre no se registre dos veces y con el
cual podrá solicitar certificaciones.
Registro Único Tributario –RUT-: Se obtiene en la DIAN y tiene como
finalidad el registro de los entes para el pago de los impuestos y su
identificación tributaria.
Registro Municipal: Se efectúa en la Secretaría de Hacienda del lugar en
donde se ubiquen los establecimientos de comercio, con el objetivo de
inscribirse para efecto de los impuestos municipales.
Registro de Libros:
Las empresas obligadas a llevar contabilidad tienen que registrar sus libros
en la Cámara de Comercio (o ente de control estatal correspondiente) en
donde tiene el domicilio principal sin importar la forma como se llevan o la
estructura de los mismos.
Registros Labores:
Son aquellos requisitos que deben cumplir las organizaciones empresariales
para afiliar a los trabajadores al sistema de seguridad social. Los entes
económicos están obligados por ley a inscribir a todos sus trabajadores en
una EPS, una ARP, Fondo de Pensiones y Cesantías.
Registros para aportes patronales:
Adicionalmente, las organizaciones deben proceder a establecer los
mecanismos de pago de los llamados aportes parafiscales, con pagos que
deben realizar al sistema de Bienestar Familiar y Social, a las Cajas de
Compensación Familiar y al Servicio Nacional de Aprendizaje.
Registro de Renovación:
Las organizaciones empresariales, cada vez que realicen un cambio en su
escritura de constitución o en su composición directiva, deben producir un
registro en la respectiva Cámara de Comercio u organismo de control del
estado correspondiente. Así mismo, las sociedades comerciales deben
renovar anualmente la matricula mercantil en la Cámara de Comercio de su
domicilio.
1.6. LA REGULACION ESTATAL
Las personas jurídicas con actividad empresarial se someten a procesos de
supervisión por parte del Estado.
En Colombia, las funciones de inspección, control y vigilancia de la
organización empresarial (genéricamente denominadas como de
supervisión), están en cabeza del Presidente de la República, de
conformidad con lo dispuesto en el artículo 189, numeral 24, de la
Constitución Política. Estas funciones de supervisión las ejerce el Presidente
de la República a través de las superintendencias o departamentos
administrativos, entidades que pertenecen a la Rama Ejecutiva del Poder
Público.
La supervisión comprende varios aspectos, entre los cuales se encuentran la
vigilancia, la inspección y el control, que definen el mayor o menor grado de
injerencia del Estado en la actividad de las entidades vigiladas y la
correlativa, mayor o menor, carga impuesta a éstas por el Estado. De
acuerdo con el artículo 25 del Código Contencioso Administrativo estas
acciones se pueden describir así:
Vigilancia:
Como la palabra lo indica (“vigilare”, ver, observar). El Estado sólo observa la
conducta de los particulares, sin que esto represente para aquellos ninguna
carga o interferencia directa en sus actividades. Así, por ejemplo, si se hacen
los análisis financieros, revisión de estatutos o de otra información que se
tenga de las entidades vigiladas, El Estado cumple con su función de
vigilancia, sin que el vigilado se dé cuenta siquiera, en muchos casos, de
esta actividad de supervisión.
Inspección:
Aquí ya hay una carga para el administrado; su fundamento son las
facultades que tiene el Estado en virtud de sus funciones legales, al
representar el interés general que prevalece sobre el interés particular. Por
ejemplo, realizar una visita administrativa, recibir una declaración a un
representante legal, requerir la entrega de determinados documentos,
constituyen potestades especiales que no tienen los particulares, unos
respecto de otros, sino que sólo las tiene el Estado frente a aquellos.
Control:
Es el grado más alto de supervisión. De manera excepcional el Estado
interfiere directamente en la autonomía de las entidades vigiladas, cuando,
por ejemplo, ordena la remoción de un directivo, toma posesión para
administrar o liquidar una entidad, exige una reforma estatutaria u ordena la
constitución de reservas y provisiones.
La Gestión Administrativa es un factor económico; esto es, es un conjunto de
elementos y fuerzas materiales e inmateriales que participa activamente en
los procesos y actividades económicas de una unidad empresarial y de la
economía en general.
La gestión es el poder hacer, es el poder decidir que hace parte de la
actuación humana en los procesos económicos en cualquiera de sus niveles
y fases, y por lo mismo se encuentra estrechamente ligado al factor
tecnológico, es decir, al saber hacer, que consiste en las competencias y
habilidades que permiten a una persona intervenir de forma eficiente en un
proceso decisorio, individual o colectivo, el cual es un componente subjetivo
de la economía que se desarrolla a través del estudio, se perfecciona con el
conocimiento practico que se acumula en cada persona, empresa o
sociedad, y que se va cristalizando en instrumentos de trabajo, en sistemas
técnicos, en rutinas de trabajo y en otros hechos productivos.
El desenvolvimiento de la gestión administrativa implica la convergencia de
tres elementos fundamentales:
1) La teoría; esto es, los conceptos que la explican y hacen evidente sus componentes, sus relaciones con los demás factores y sus diferencias respecto de otras modalidades empresariales; 2)La técnica; esto es, los procedimientos y mecanismos que se pueden aplicar en los procesos decisorios dentro de una empresa y en la economía; 3) Las estructuras de organización; es decir, las formas mediante las cuales se distribuyen y relacionan los sujetos que deciden, con los que ejecutan las decisiones, dando lugar a la división técnica y social del poder y las
jerarquías de las entidades y de la economía.
Aunque es evidente que existen componentes comunes en los procesos de
gestión administrativa de las diferentes modalidades de organización
empresarial, lo cierto es que se dan marcadas diferencias causadas,
principalmente, por la presencia en cada una de esas modalidades de
organización económica de racionalidades económicas y lógicas
operacionales especiales, de las cuales de deriva, por ejemplo, distintos
sujetos emprendedores y por lo mismo de objetivos, y una manera particular
de medición de la eficiencia económica, de combinación y relaciones entre
los factores económicos, y otras circunstancias que, sin lugar a dudas,
inciden sobre las formas de organizar y decidir acerca del funcionamiento y
desarrollo de las empresas.
En particular, sobre la gestión administrativa de las organizaciones de la
economía solidaria, la producción teórica y técnica no ha estado, ni está
actualmente, a la altura de las exigencias que estas entidades tienen para
consolidar su desarrollo y sus operaciones en el mercado económico. Quizás
esto ha sido la causa de las distintas problemáticas que las ha venido
afectando, pues ante la carencia de una teoría universal explicativa que
permita un proceso decisorio acorde con los objetivos particulares trazados
por la Comunidad y el Trabajo como categorías organizadoras, se han
utilizado elementos provenientes de la experiencia de las empresas
tradicionales privadas, cuyo fin es enriquecer el factor financiero, lo cual ha
generado no pocas contrariedades y problemas.
Pudiera decirse que la gestión de las empresas de economía solidaria, en
esencia, busca organizar racional y eficientemente las actividades de dicha
forma asociativa empresarial, orientadas al cumplimiento de sus fines
socioeconómicos, a asegurar el pleno aprovechamiento de las posibilidades
materiales y humanas y a integrar estrechamente a todos sus miembros
(asociados) en torno al objeto social.
La gestión de estas empresas está definida por el hecho de que ellas son
expresión de un sentido de organización comunitaria y social que busca
satisfacer las necesidades de sus miembros, a través de la propiedad y
gestión de los medios de producción. En estas organizaciones se concreta la
identidad entre propietario, usuario y gestor; identidad que no existe en
ninguna otra forma empresarial. De ahí que en estas empresas resulta
trascendental la autogestión, ya que la propiedad y la gestión están en las
mismas manos. En consecuencia, la esencia de esta gestión estriba en la
participación democrática de sus miembros.
Las empresas de economía solidaria, por tener una finalidad y un
funcionamiento interno diferentes al de otras formas empresariales, tienen
que considerar, en su gestión, situaciones que son propias de la doctrina de
la cooperación y la solidaridad. De ahí que no basta tener un conocimiento
general de la teoría administrativa para gestionar las empresas de economía
solidaria; se requiere, además, un ejercicio de comprensión de la teoría de la
cooperación y de la solidaridad.
En primer lugar debe tenerse en cuenta que en estas empresas sus objetivos
económicos están íntimamente ligados al cumplimiento de propósitos
sociales. El desarrollo de la gestión, adicionalmente, deberá estar orientado
por principios universales que definen su doctrina y que constituyen su
norma básica de acción y la pauta para su funcionamiento.
JUSTIFICACIÓN
Los seres humanos resuelven sus necesidades básicas, mediante el ensayo
de sistemas sociales que se acomodan a las diferentes circunstancias
históricas, la implementación de variados modelos económicos y la
organización racional de los factores productivos, aplicando, para el logro de
éste último propósito, unas determinadas prácticas empresariales.
El profesional de administración de empresas debe fundamentar su
formación en principios de ética social, con percepciones claras entre
empresa y comunidad y con una formación y enfoque hacia un cambio de
modelo de desarrollo, en donde la equidad y la viabilidad de superación de
las condiciones de vida tengan reales posibilidades de ocurrencia. Las
empresas asociativas y solidarias, constituyen uno de los medios para el
logro de tales propósitos.
Las formas empresariales basadas en procesos de participación solidaria
son comunes a todos los procesos históricos pero constituyen,
contemporáneamente, la alternativa de organización del trabajo de millones
de seres humanos, superando prácticas individualistas en los procesos de
producción social y generando nuevas economías de bienestar.
Estas formas de organización humana son un tipo especial de empresa en la
que predominan los factores Comunidad y Trabajo. Su estructura
administrativa manifiesta su especial naturaleza y sus propósitos
socioeconómicos.
1. LA EMPRESA Y SUS FUNCIONES
1.1. CONCEPTO DE EMPRESA
El término empresa se aplica para designar a un conjunto de recursos
humanos y técnicos que se encuentra organizado para lograr un objetivo
económico previamente determinado.
El Código de Comercio de Colombia explica que se entiende por empresa
toda actividad económica organizada para la producción, transformación,
circulación, administración o custodia de bienes, o para la prestación de
servicios. Dicha actividad se realizará a través de uno o más
establecimientos de comercio.
Hay que partir de considerar que la iniciativa individual es la base de
formación de la denominada empresa comercial. Muchas son las razones
que llevan a una persona a realizar un emprender de esta naturaleza.
Pueden mencionarse, entre otras, el deseo de alcanzar autonomía e
independencia, el mejoramiento del nivel de ingresos, el ejercicio de
liderazgo o la simple búsqueda de una alternativa de inversión. En todo caso,
quien se transforma en empresario busca un beneficio o ventaja de su
actividad, pero en el desarrollo de la misma hace extensivo dichos beneficios
a la sociedad, al ser la empresa una fuente generadora de empleo e ingresos
para otros y también formará parte del aparato productivo que satisface
necesidades de la comunidad.
Sin embargo, las organizaciones empresariales no sólo son de tipo
comercial, también lo pueden ser aquellos emprendimientos con una función
pública o una función solidaria, tal como se desprende de las tipologías que
se enunciarán más adelante.
En sentido general, la función de la empresa es la de servir de instrumento a
las formas asociativas o a cualquier forma de organización, para cumplir sus
objetivos, mediante la organización de los recursos sometidos a procesos
decisorios racionales, eficientes y oportunos.
Esto significa que la función de la empresa es servir a la forma asociativa
para que pueda cumplir sus objetivos. En tal sentido, la empresa debe
cumplir una doble función: social y económica
La función social: Es la que tiende a satisfacer las necesidades humanas
básicas, mediante la utilización racional de los recursos que brinda la
naturaleza y que el hombre, con todos los conocimientos adquiridos, puede
mejorar por medio de la técnica.
La función económica: Tiene por objeto producir las ganancias necesarias o
excedentes socialmente necesarias para garantizar el funcionamiento de la
empresa y la prestación de los servicios requeridos.
Para que la empresa sea un instrumento eficiente, debe garantizar una alta
productividad que se materialice en buenos resultados económicos, como
medio para realizar los objetivos programados. Debe estar fundamentada en
reglas claras y precisas que estén consignadas en los reglamentos y en los
estatutos.
La función económica demanda la utilización de modernas técnicas
empresariales, para el manejo financiero, la acción contable, los procesos
productivos y el sistema de control.
Toda empresa se caracteriza por poseer una estructura, la cual -en lenguaje
administrativo- representa la distribución ordenada de todas sus partes.
Dicho de otra manera, la estructura es la forma como se organizan todos los
elementos o recursos disponibles, para que la empresa pueda funcionar
ordenada y eficientemente.
1.2. AREAS FUNCIONALES
Siguiendo diversas aportaciones teóricas, se ha hecho común el señalar que
una actividad económica organizada empresarialmente agrupa sus
actividades en cuatro áreas funcionales principales: la producción, el
mercadeo, las finanzas y la administración del personal.
La primera área funcional busca la transformación de las materias diversas
en productos terminados, mediante la utilización de la fuerza humana y
técnica. El mercadeo dirige el flujo de bienes y servicios desde la empresa
hacia el consumidor. Las finanzas se encargan del manejo óptimo de los
recursos monetarios de la empresa. La última, busca el manejo eficiente de
los recursos humanos con que cuenta la empresa.
Existe una relación íntima entre cada una de estas áreas funcionales; de
modo que cualquier decisión que se tome en un área determinada, afectará
directa o indirectamente a las demás.
1.3. DIFERENTES TIPOLOGÍAS EMPRESARIALES
Para poder identificar las diferentes formas que adquiere la organización
empresarial, se debe partir de considerar que ellas –en todas sus
modalidades- se caracterizan por adelantar un determinado emprendimiento
de carácter económico en la medida en que su estructura interna estará
definida por la presencia de un conjunto de factores que tienen tal
racionalidad. Estas, desde el punto de vista de su formalidad jurídica, tienen
la capacidad de obtener la condición de PERSONAS.
Una persona es todo ser natural o ficticio que, por ley natural o normativa,
tiene la capacidad legal para desarrollar actividades económicas, sociales,
culturales, políticas o ecológicas. Se pueden clasificar en personas naturales,
jurídicas o sociedades de hecho.
Las personas naturales son todos aquellos individuos que tienen la
capacidad legal de actuar en sociedad sin importar su edad, sexo o religión,
adquiriendo derechos y obligaciones. Las personas jurídicas son los entes
ficticios (creados por los seres humanos) que obtienen una determinada
capacidad legal en tanto la ley les asigna poder para contratar y contraer
obligaciones con representación de una persona natural. Finalmente,
sociedad de hecho es un acuerdo que surge entre dos o más personas que
se obligan a realizar un determinado aporte (en dinero, trabajo u otro tipo de
bienes) para explotar una actividad comercial, con el ánimo de repartir las
utilidades entre sí; como no se constituyen legalmente no son personas
jurídicas, de modo que los derechos y obligaciones contraídas se consideran
a cargo o a favor de cada uno de los comprometidos.
Las personas jurídicas se clasifican en regulares e irregulares. Las regulares
son aquellas que se constituyen dentro de las formalidades de la ley y se
ciñen a todos los requisitos para su organización, funcionamiento, operación
y resultados. Son irregulares las que funcionan sin el cumplimiento o el lleno
de los requisitos que exige la ley.
Desde el punto de visita de su capacidad de realizar un determinado
emprendimiento económico, las personas jurídicas se clasifican de acuerdo
con la tipología que a continuación se tratará.
La primera clasificación tiene que ver con el origen e interés del
emprendimiento. Se pueden identificar como: a) organizaciones o formas
empresariales con función pública y de iniciativa estatal; b) organizaciones o
formas empresariales con función de inversión de capital y de iniciativa
privada de carácter lucrativo; c) organizaciones o formas empresariales con
función social y comunitaria y de iniciativa privada de carácter no lucrativo.
De modo que las personas jurídicas pueden ser de carácter público o
privado. En el primer caso se trata de las diferentes dependencias del Estado
(territorial o descentralizadamente concebidas). En el segundo caso, la
división de las organizaciones resulta más extensa, aunque podrán dividirse
en dos grandes grupos, así:
1) Las asociaciones y las fundaciones que tengan por principal objeto el bien
común, posean patrimonio propio, sean capaces legalmente de adquirir
bienes y no subsistan exclusivamente de asignaciones del Estado;
2) Las sociedades comerciales de todo tipo o entidades que, conforme a la
ley, tengan capacidad para adquirir derechos y contraer obligaciones,
aunque no requieran autorización expresa del Estado para funcionar.
Sin embargo, estas adquieren ciertas características de acuerdo con su
composición, finalidad y forma de ser gestionadas. Es generalmente
aceptado que las personas jurídicas de carácter privado son todas aquellas
cuya institución o regulación depende del derecho privado y se supeditan a
las regulaciones del Estado sólo en cuanto a sus obligaciones con los
diferentes grupos de interés. Un mejor agrupamiento de este conjunto de
iniciativas particulares, es el siguiente:
a) Las asociaciones, también llamadas corporaciones, que pueden tener
fines científicos, artísticos, deportivos, educativos, culturales, promocionales,
gremiales, mutualistas, etc.
b) Las fundaciones, que son entidades que se forman sobre la base de un
patrimonio destinado a fines altruistas.
c) Las sociedades comerciales en todas sus modalidades, que buscan
acrecentar una determinada inversión de capital formada individual o
colectivamente.
d) Las organizaciones cooperativas y asimiladas, que desarrollan un
determinado propósito social para sus miembros y la comunidad mediante la
formación de uno o varios emprendimientos económicos.
1.4. RESPONSABILIDADES DE LA ORGANIZACIÓN EMPRESARIAL
Todas las personas jurídicas tienen capacidad de derecho, es decir, tienen
aptitud de ser titulares de derechos pero carecen de capacidad de hecho, ya
que por su naturaleza deben hacerlo por medio de sus representantes
legales. Pueden realizar exclusivamente actos del derecho patrimonial y
obtener sólo aquellos derechos y obligaciones necesarios para cumplir con
los fines para los cuales fueren creadas.
Considerando las anteriores situaciones, puede indicarse que las personas
jurídicas asumen responsabilidades. Debe entenderse la responsabilidad
como la aptitud para ser sujeto pasivo de una sanción. Desde el punto de
vista legal, se someten a tres clases de responsabilidad: contractual,
extracontractual y penal.
Responsabilidad contractual: La persona jurídica responde en todos los
casos de los actos jurídicos realizados por sus representantes en ejercicio de
las atribuciones que le confieren las leyes; cuando exceden ese límite no
obligan a la persona jurídica sino a quienes los efectúan.
Responsabilidad extracontractual: Las personas jurídicas responden por los
hechos cometidos por sus directores o administradores con motivo o en
ejercicio de sus funciones, así como por los hechos producidos por las
personas de que se sirve o por las cosas que tiene a su cuidado.
Responsabilidad penal: Existen otras sanciones aplicables a la persona
jurídica, como, por ejemplo, las multas, cancelación de su registro, caducidad
de autorizaciones otorgados por el Estado, etc. Algunas leyes especiales
imponen sanciones penales a las personas naturales cuando las infracciones
hubieren sido cometidas en nombre o a beneficio de una persona jurídica,
sociedad o asociación o con intervención de alguno de sus órganos.
Ahora bien, en los últimos años, las responsabilidades se han venido
extendiendo, sobre todo en cuanto a sus relaciones con las comunidades, el
medio ambiente y los grupos de interés específicos, estableciéndose
normativas particulares en cada país.
1.5. PROCESOS REGISTRALES
Para su existencia legal y el mantenimiento de la misma, las personas
jurídicas deben seguir diversos procesos registrales de origen legal, entre los
que se cuentan como principales los siguientes: registro de constitución,
registro de libros, registro de actos administrativos.
Registro de Constitución:
Son aquellos procesos que permiten darle vida jurídica a la persona jurídica
(cualquiera que sea su tipología). Estos procesos adquieren diferencias de
acuerdo con dicha tipología.
En las sociedades comerciales, este proceso incluye:
a) Escritura Pública: Se eleva ante un notario público. En ella se definen
todas las directrices que gobiernan la empresa, tales como: razón social,
dirección, domicilio, objeto social, administración, número de socios y reparto
de utilidades.
b) Matrícula Mercantil: Se diligencia en la Cámara de Comercio en donde se
le asigna un código para que el nombre no se registre dos veces y con el
cual podrá solicitar certificaciones.
Registro Único Tributario –RUT-: Se obtiene en la DIAN y tiene como
finalidad el registro de los entes para el pago de los impuestos y su
identificación tributaria.
Registro Municipal: Se efectúa en la Secretaría de Hacienda del lugar en
donde se ubiquen los establecimientos de comercio, con el objetivo de
inscribirse para efecto de los impuestos municipales.
Registro de Libros:
Las empresas obligadas a llevar contabilidad tienen que registrar sus libros
en la Cámara de Comercio (o ente de control estatal correspondiente) en
donde tiene el domicilio principal sin importar la forma como se llevan o la
estructura de los mismos.
Registros Labores:
Son aquellos requisitos que deben cumplir las organizaciones empresariales
para afiliar a los trabajadores al sistema de seguridad social. Los entes
económicos están obligados por ley a inscribir a todos sus trabajadores en
una EPS, una ARP, Fondo de Pensiones y Cesantías.
Registros para aportes patronales:
Adicionalmente, las organizaciones deben proceder a establecer los
mecanismos de pago de los llamados aportes parafiscales, con pagos que
deben realizar al sistema de Bienestar Familiar y Social, a las Cajas de
Compensación Familiar y al Servicio Nacional de Aprendizaje.
Registro de Renovación:
Las organizaciones empresariales, cada vez que realicen un cambio en su
escritura de constitución o en su composición directiva, deben producir un
registro en la respectiva Cámara de Comercio u organismo de control del
estado correspondiente. Así mismo, las sociedades comerciales deben
renovar anualmente la matricula mercantil en la Cámara de Comercio de su
domicilio.
1.6. LA REGULACION ESTATAL
Las personas jurídicas con actividad empresarial se someten a procesos de
supervisión por parte del Estado.
En Colombia, las funciones de inspección, control y vigilancia de la
organización empresarial (genéricamente denominadas como de
supervisión), están en cabeza del Presidente de la República, de
conformidad con lo dispuesto en el artículo 189, numeral 24, de la
Constitución Política. Estas funciones de supervisión las ejerce el Presidente
de la República a través de las superintendencias o departamentos
administrativos, entidades que pertenecen a la Rama Ejecutiva del Poder
Público.
La supervisión comprende varios aspectos, entre los cuales se encuentran la
vigilancia, la inspección y el control, que definen el mayor o menor grado de
injerencia del Estado en la actividad de las entidades vigiladas y la
correlativa, mayor o menor, carga impuesta a éstas por el Estado. De
acuerdo con el artículo 25 del Código Contencioso Administrativo estas
acciones se pueden describir así:
Vigilancia:
Como la palabra lo indica (“vigilare”, ver, observar). El Estado sólo observa la
conducta de los particulares, sin que esto represente para aquellos ninguna
carga o interferencia directa en sus actividades. Así, por ejemplo, si se hacen
los análisis financieros, revisión de estatutos o de otra información que se
tenga de las entidades vigiladas, El Estado cumple con su función de
vigilancia, sin que el vigilado se dé cuenta siquiera, en muchos casos, de
esta actividad de supervisión.
Inspección:
Aquí ya hay una carga para el administrado; su fundamento son las
facultades que tiene el Estado en virtud de sus funciones legales, al
representar el interés general que prevalece sobre el interés particular. Por
ejemplo, realizar una visita administrativa, recibir una declaración a un
representante legal, requerir la entrega de determinados documentos,
constituyen potestades especiales que no tienen los particulares, unos
respecto de otros, sino que sólo las tiene el Estado frente a aquellos.
Control:
Es el grado más alto de supervisión. De manera excepcional el Estado
interfiere directamente en la autonomía de las entidades vigiladas, cuando,
por ejemplo, ordena la remoción de un directivo, toma posesión para
administrar o liquidar una entidad, exige una reforma estatutaria u ordena la
constitución de reservas y provisiones.
miércoles, 31 de agosto de 2011
ECONOMIA SOLIDARIA
LA ECONOMÍA SOLIDARIA:
¿Pueden juntarse la economía y la solidaridad?
La separación entre la economía y la solidaridad radica en el contenido que suele darse a ambas nociones. Cuando hablamos de economía nos referimos espontáneamente a la utilidad, la escasez, los intereses, la propiedad, las necesidades, la competencia, el conflicto, la ganancia. Y aunque no son ajenas al discurso económico las referencias a la ética, los valores que habitualmente aparecen en él son la libertad de iniciativa, la eficiencia, la creatividad individual, la justicia distributiva, la igualdad de oportunidades, los derechos personales y colectivos. No la solidaridad o la fraternidad; menos aún la gratuidad.
Podemos leer numerosos textos de teoría y análisis económico de las más variadas corrientes y escuelas sin encontrarnos nunca con la solidaridad. A lo más, comparece en ocasiones la palabra cooperación, pero con un significado técnico que alude a la necesaria complementación de factores o intereses más que a la libre y gratuita asociación de voluntades. Una excepción a esto se da en el discurso y la experiencia del cooperativismo; pero éste, confirmando lo dicho, ha encontrado grandes dificultades para hacer presente su contenido ético y doctrinario al nivel del análisis científico de la economía. Charles Guide expresó muy bien esta ausencia ya en 1921 en un célebre artículo titulado precísamente Por qué los economistas no aman la cooperación.
Algo similar nos ocurre cuando hablamos de la solidaridad. La idea de solidaridad se inserta habitualmente en el llamado ético y cultural al amor y la fraternidad humana, o hace referencia a la ayuda mutua para enfrentar problemas compartidos, a la benevolencia o generosidad para con los pobres y necesitados de ayuda, a la participación en comunidades integradas por vínculos de amistad y reciprocidad. Este llamado a la solidaridad, enraizado en la naturaleza humana y siendo por tanto connatural al hombre cualquiera sea su condición y su modo de pensar, ha encontrado sus más elevadas expresiones en las búsquedas espirituales y religiosas, siendo en el mensaje cristiano del amor donde la solidaridad es llevada a su más alta y sublime valoración.
Sin embargo, desde la ética del amor y la fraternidad la relación con la economía no ha sido simple ni carente de conflictos. Como en las actividades económicas prima el interés individual y la competencia, la búsqueda de la riqueza material y del consumo abundante, quienes enfatizan la necesidad del amor y la solidaridad han tendido a considerar con distancia y a menudo sospechosamente la dedicación a los negocios y actividades empresariales. Desde el discurso ético, espiritual y religioso lo común ha sido establecer respecto de esas actividades una relación "desde fuera": como denuncia de las injusticias que se generan en la economía, como ejercicio de una presión tendiente a exigir correcciones frente a los modos de operar establecidos, o bien en términos de acción social, como esfuerzo por paliar la pobreza y la subordinación de los que sufren injusticias y marginación, a través de actividades promocionales, organizativas, de concientización, etc.
La realización de actividades económicas en primera persona, la construcción y administración de empresas, con dificultad y por pocos ha sido percibida como un modo de actuación práctica del mensaje cristiano, como una vocación peculiar en la cual puedan concretizarse los valores, principios y compromisos evangélicos. Se ha destacado sí el contenido ético y solidario del trabajo, pero al hacerlo no se ha tenido suficientemente en cuenta que el trabajo es sólo una parte de la actividad económica y no puede realizarse sino inserto en organizaciones y estructuras económicas; de hecho la valoración positiva del trabajo a menudo fué presentada junto a enunciados críticos sobre la empresa y la economía en que se desenvuelve.
Es así que por mucho tiempo los llamados a la solidaridad, la fraternidad y el amor han permanecido exteriores a la economía misma. Hemos comprobado esta distancia en la acción social que instituciones cristianas realizan entre los pobres, que si bien dan lugar a verdaderas organizaciones económicas, difícilmente son reconocidas como tales. A menudo se hace necesario un esfuerzo consciente para superar las resistencias que ponen muchos de los más comprometidos con esas experiencias a considerarlas como no puramente coyunturales o de emergencia sino como un modo permanente de hacer economía de manera solidaria.
Muchas de esas resistencias se han ido superando entre nosotros desde que S.S. Juan Pablo II en su viaje a Chile y Argentina en 1987, y especialmente en su discurso ante la CEPAL, voceó y difundió con fuerza la idea de una "economía de la solidaridad" en la cual -dijo- "ponemos todos nuestras mejores esperanzas para América Latina". Tal llamado fué fundamental en la difusión e incorporación a la cultura latinoamericana de la idea de una economía de solidaridad; pero el contenido de ella permanece indeterminado e impreciso para muchos. El enunciado del pontífice no proporciona suficientes elementos como para llenar de contenido una idea de la cual se esperan tantas realizaciones. Poner unidas en una misma expresión la economía y la solidaridad aparece, pues, como un llamado a un proceso intelectual complejo que debiera desenvolverse paralela y convergentemente en dos direcciones: por un lado, se trata de desarrollar un proceso interno al discurso ético y axiológico, por el cual se recupere la economía como espacio de realización y actuación de los valores y fuerzas de la solidaridad; por otro, de desarrollar un proceso interno a la ciencia de la economía que le abra espacios de reconocimiento y actuación a la idea y el valor de la solidaridad.
Incorporar solidaridad en la economía.
Cuando decimos "economía de solidaridad" estamos planteando la necesidad de introducir la solidaridad en la economía, de incorporar la solidaridad en la teoría y en la práctica de la economía.
Decimos introducir e incorporar solidaridad en la economía con muy precisa intención. Como estamos habituados a pensar la economía y la solidaridad como parte de diferentes preocupaciones y discursos, cuando llegamos a relacionarlas tendemos a establecer el nexo entre ellas de otro modo. Se nos ha dicho muchas veces que debemos solidarizar como un modo de paliar algunos defectos de la economía, de subsanar algunos vacíos generados por ella, o de resolver ciertos problemas que la economía no ha podido superar. Así, tendemos a suponer que la solidaridad debe aparecer después que la economía ha cumplido su tarea y completado su ciclo.
Primero estaría el tiempo de la economía, en que los bienes y servicios son producidos y distribuídos. Una vez efectuada la producción y distribución sería el momento de que entre en acción la solidaridad, para compartir y ayudar a los que resultaron desfavorecidos por la economía y quedaron más necesitados. La solidaridad empezaría cuando la economía ha terminado su tarea y función específica. La solidaridad se haría con los resultados -productos, recursos, bienes y servicios- de la actividad económica, pero no serían solidarias la actividad económica misma, sus estructuras y procesos.
Lo que sostenemos es distinto a eso, a saber, que la solidaridad se introduzca en la economía misma, y que opere y actúe en las diversas fases del ciclo económico, o sea, en la producción, circulación, consumo y acumulación. Ello implica producir con solidaridad, distribuir con solidaridad, consumir con solidaridad, acumular y desarrollar con solidaridad. Y que se introduzca y comparezca también en la teoría económica, superando una ausencia muy notoria en una disciplina en la cual el concepto de solidaridad pareciera no encajar apropiadamente.
Hace un tiempo escuché decir a un connotado economista al que se le preguntó por la economía de solidaridad, que es necesario que exista tanta solidaridad como sea posible, siempre que no interfiera en los procesos y estructuras económicas que podrían verse afectadas en sus propios equilibrios. Nuestra idea de la economía de solidaridad es exactamente lo contrario: que la solidaridad sea tanta que llegue a transformar desde dentro y estructuralmente a la economía, generando nuevos y verdaderos equilibrios.
Si tal es el sentido profundo y el contenido esencial de la economía de solidaridad nos preguntamos entonces en qué formas concretas se manifiestará esa presencia activa de la solidaridad en la economía. Nuestra pregunta inicial: ¿qué es la economía de solidaridad?, se especifica en esta otra: ¿Cómo se puede producir, distribuir, consumir y acumular solidariamente?
Podemos decir inicialmente que al incorporar la solidaridad en la economía suceden cosas sorprendentes en ésta. Aparece un nuevo modo de hacer economía, una nueva racionalidad económica.
Pero como la economía tiene tantos aspectos y dimensiones y está constituída por tantos sujetos, procesos y actividades, y como la solidaridad tiene tantas maneras de manifestarse, la economía de solidaridad no será un modo definido y único de organizar actividades y unidades económicas. Por el contrario, muchas y muy variadas serán las formas y modos de la economía de solidaridad. Se tratará de poner más solidaridad en las empresas, en el mercado, en el sector público, en las políticas económicas, en el consumo, en el gasto social y personal, etc.
Hemos dicho poner "más" solidaridad en todas estas dimensiones y facetas de la economía porque es preciso reconocer que algo de solidaridad existe ya en ellas aunque no se lo haya reconocido expresamente. ¿Cómo no reconocer expresiones de solidaridad entre los trabajadores de una empresa que negocian colectivamente, aún cuando los de mayor productividad podrían obtener mejores condiciones haciéndolo individualmente, o cuando algunos llegan a poner en riesgo su empleo por obtener beneficios para todos? ¿O entre los técnicos que trabajan en equipo, compartiendo conocimientos o transfiriéndolos a otros menos calificados? ¿No es manifestación de solidaridad el sacrificio de mayores ganancias que algunos empresarios hacen a veces manteniendo empleos de los que podrían prescindir, preocupados por los efectos del despido en personas y familias que han llegado a conocer y apreciar?
Se dirá que esto sucede rara vez, o que las motivaciones no siempre son genuinamente humanitarias, y puede ser cierto. Pero el hecho es que relaciones y comportamientos solidarios existen. Por lo demás, la solidaridad tiene grados y sería un error reconocerla solamente en sus manifestaciones más puras y eminentes.
Se dice, y es cierto, que el mercado opera de manera tal que cada sujeto toma sus decisiones en función de su propia utilidad. Pero la existencia misma del mercado, ¿no pone acaso de manifiesto el hecho innegable de que nos necesitamos unos a otros, y que de hecho trabajamos unos para otros? ¿No quedan acaso excluídos del mercado aquellos productores que no están muy atentos a satisfacer en buena forma las necesidades reales de sus potenciales clientes?
Esta presencia parcial de la solidaridad en la economía se explica por el hecho que las organizaciones y procesos económicos son el resultado de la acción real y compleja de los hombres que ponen en su actividad todo lo que hay en ellos, y la solidaridad es algo que, en alguna medida, está presente en todo ser humano.
Con esto no queremos decir, por cierto, que la economía actual sea solidaria. Por el contrario, un análisis de la misma nos pone frente a una organización social y económica en que compiten por el predominio los intereses privados individuales con los intereses de las burocracias y del Estado, en un esquema de relaciones basadas en la fuerza y en la lucha, la competencia y el conflicto, que relegan a un lugar muy secundario tanto a los sujetos comunitarios como a las relaciones de cooperación y solidaridad. Los principales sujetos de la actividad económica están motivados por el interés de ganancia y por el temor a los otros y al poder, más que por el amor y la solidaridad de todos. La mencionada presencia de la solidaridad en la economía es ciertamente demasiado escasa y pobre, pero es indispensable reconocerla, por tres razones fundamentales.
La primera, por una exigencia de objetividad científica. La segunda, porque si no hubiera actualmente nada de solidaridad en la economía -en las empresas y en el mercado tal como existen- no vemos cómo sería posible pensar en la economía de solidaridad como un proyecto posible. En efecto, construirla implicaría una suerte de creación ex nihilo, de la nada. ¿De donde habría que traer esa solidaridad que habría que introducir en la economía, y cómo incorporársela si ésta fuera tan completamente refractaria que no habría permitido hasta ahora ni su más mínima expresión? No nos quedaría sino reconocer que la economía y la solidaridad han de mantenerse en su recíproca exterioridad y separación, definitivamente.
Una tercera razón por la que es importante reconocer la presencia de algo de solidaridad en las empresas y en el mercado es la necesidad de evitar el que sería un grave malentendido: pensar la economía de solidaridad como algo completamente opuesto a la economía de empresas y a la economía de mercado. La idea y el proyecto de una economía de solidaridad no los pensamos como negación de la economía de mercado o como alternativa frente a la economía de empresas. Hacerlo sería completamente antihistórico e incluso ajeno al hombre tal como es y como puede ser.
La economía de solidaridad no es negación de la economía de mercado; pero tampoco es su simple reafirmación. Ella expresa más bien, como lo iremos apreciando a medida que avancemos por sus caminos, una orientación fuertemente crítica y decidídamente transformadora respecto de las grandes estructuras y los modos de organización y de acción que caracterizan la economía contemporánea.
Las dos dimensiones de la economía de solidaridad.
Si la economía de solidaridad se constituye poniendo solidaridad en la economía, ella se manifestará en distintas formas, grados y niveles según la forma, el grado y el nivel en que la solidaridad se haga presente en las actividades, unidades y procesos económicos. Por esto podemos diferenciar en ella y en el proceso de su desarrollo dos grandes dimensiones.
Si la economía de solidaridad se constituye poniendo solidaridad en la economía, ella se manifestará en distintas formas, grados y niveles según la forma, el grado y el nivel en que la solidaridad se haga presente en las actividades, unidades y procesos económicos. Por esto podemos diferenciar en ella y en el proceso de su desarrollo dos grandes dimensiones.
Por un lado, habrá economía de solidaridad en la medida que en las diferentes estructuras y organizaciones de la economía global vaya creciendo la presencia de la solidaridad por la acción de los sujetos que la organizan. Por otro lado, identificaremos economía de solidaridad en una parte o sector especial de la economía: en aquellas actividades, empresas y circuitos económicos en que la solidaridad se haya hecho presente de manera intensiva y donde opere como elemento articulador de los procesos de producción, distribución, consumo y acumulación.
Distinguiremos de este modo dos componentes que aparecen en la perspectiva de la economía solidaria: un proceso de solidarización progresiva y creciente de la economía global, y un proceso de construcción y desarrollo paulatino de un sector especial de economía de solidaridad.
Ambos procesos se alimentarán y enriquecerán recíprocamente. Un sector de economía de solidaridad consecuente podrá difundir sistemática y metódicamente la solidaridad en la economía global, haciéndola más solidaria e integrada. A su vez, una economía global en que la solidaridad esté más extendida, proporcionará elementos y facilidades especiales para el desarrollo de un sector de actividades y organizaciones económicas consecuentemente solidarias.
En uno u otro nivel la economía de solidaridad nos invita a todos. Ella no podrá extenderse sino en la medida que los sujetos que actuamos económicamente seamos más solidarios, porque toda actividad, proceso y estructura económica es el resultado de la acción del sujeto humano individual y social.
Para expandir la economía de solidaridad es preciso que comprendamos en profundidad la conveniencia, oportunidad e incluso necesidad de construirla. Muchos hombres y mujeres, numerosos grupos humanos, han emprendido caminos prácticos de incorporación de solidaridad en la economía, y así se ha venido y está construyendo economía de solidaridad tanto a nivel global como en un sector económico especial. Tales procesos, por cierto, enfrentan múltiples obstáculos y dificultades y deben hacer frente a tendencias adversas que parecen ser hoy las predominantes. Pero lo que hacen no deja de dar resultados y abrir huellas que otros podrán después seguir con mayores facilidades. Conocer sus motivaciones y los caminos que están siguiendo en sus experiencias nos puede proporcionar abundantes estímulos y razones para no obstaculizarlos en su trabajo, para apoyarlos positivamente y para sumarnos a sus búsquedas.
Conocer esos motivos y caminos y aproximarnos a sus experiencias nos llevará a comprender cuáles son las formas y contenidos de la economía de solidaridad más consecuentemente desarrollada.
En efecto, pensamos la economía de solidaridad como un gran espacio al que se converge desde diferentes caminos, que se originan a partir de diversas situaciones y experiencias; o como una gran casa a la que se entra con distintas motivaciones por diferentes puertas. Diversos grupos humanos comparten esas motivaciones y transitan esos caminos, experimentando diversas maneras de hacer economía con solidaridad.
Esas distintas iniciativas se van encontrando en el espacio al que convergen: allí se conocen, intercambian sus razones y experiencias, se aportan y complementan recíprocamente, se enriquecen unas con otras. Los que llegan por un motivo aprenden a reconocer el valor y la validez de los otros, y así se va construyendo un proceso en el cual la racionalidad especial de la economía de solidaridad se va completando, potenciando y adquiriendo creciente coherencia e integralidad. Conociendo esos motivos y caminos, esas búsquedas y experiencias, iremos comprendiendo cada vez más amplia y profundamente qué es la economía de solidaridad y encontraremos abundantes razones para participar en ella.
El camino de los pobres y de la economía popular.
Un primer camino hacia la economía de solidaridad parte desde la situación de pobreza y marginalidad en que se encuentran grandes grupos sociales.
La pobreza, por supuesto, no es un fenómeno nuevo; pero en las últimas décadas parece haberse extendido prácticamente en todos los países latinoamericanos. Se ha extendido en cuanto al tamaño de la población afectada, que ha venido creciendo insistentemente hasta alcanzar en algunos países porcentajes que superan el 60 % de la población, y se ha profundizado en cuanto a la radicalidad e intensidad que ha llegado a tener, observándose una creciente distancia en los niveles de vida que separan a los ricos y pobres de la región. Esta expansión de la pobreza tiene causas estructurales profundas, en la reducción de las capacidades de los Estados para proporcionar soluciones a los problemas sociales, y en la acentuación del papel del mercado en la asignación de los recursos y la distribución de los ingresos. Ambos fenómenos combinados han implicado una impresionante concentración de la riqueza, junto a extendidos procesos de marginación y exclusión de grandes sectores sociales.
Como consecuencia de ello, muchas personas y grupos sociales enfrentan un agudo problema de subsistencia. Marginados de la economía oficial, se ven en la necesidad de desplegar verdaderas estrategias de sobrevivencia, realizando cualquier tipo de actividades económicas informales y por cuenta propia para obtener los ingresos que les aseguren la satisfacción de sus necesidades básicas.
Ha surgido así desde la realidad de la pobreza la economía popular, que constituye un verdadero proceso de activación y movilización económica del mundo popular. Dicha economía popular combina recursos y capacidades laborales, tecnológicas, organizativas y comerciales de carácter tradicional con otras de tipo moderno, y el resultado es un increíblemente heterogéneo y variado multiplicarse de actividades orientadas a asegurar la subsistencia y la vida cotidiana. Ella opera y se expande buscando intersticios y oportunidades que encuentra en el mercado, aprovecha beneficios y recursos proporcionados por los servicios y subsidios públicos, se inserta en experiencias promovidas por organizaciones no-gubernamentales, e incluso a veces logra reconstruir relaciones económicas basadas en la reciprocidad y la cooperación que predominaban en formas más tradicionales de organización económica. La economía popular en sus varias manifestaciones y formas contiene importantes elementos de solidaridad que es importante reconocer y destacar. Hay solidaridad en ella, en primer lugar porque la cultura de los grupos sociales más pobres es naturalmente más solidaria que la de los grupos sociales de mayores ingresos. La experiencia de la pobreza, de la necesidad experimentada como urgencia cotidiana de asegurar la subsistencia, lleva a muchos a vivenciar la importancia de compartir lo poco que se tiene, de formar comunidades y grupos de ayuda mutua y de recíproca protección. El mundo popular, puesto a hecer economía, la hace "a su modo", con sus valores, con sus modos de pensar, de sentir, de relacionarse y de actuar.
A ello se agrega el hecho de que cada persona o familia, al disponer de tan escasos recursos para realizar sus actividades económicas, necesita de los cercanos que enfrentan igual necesidad para complementar la fuerza de trabajo, los medios materiales y financieros, los conocimientos técnicos, la capacidad de gestión y organización y, en general, la dotación mínima de factores indispensable para crear la pequeña unidad económica que les permita una operación viable. Así, no es difícil encontrar elementos significativos de solidaridad en las ferias populares, entre los artesanos pobres, entre los pequeños negocios y sus clientelas locales. Incluso, al menos una parte de estas organizaciones económicas parecen ser portadoras de una racionalidad económica especial, de una lógica interna sustentada en un tipo de comportamientos y de prácticas sociales en que la solidaridad ocupa un lugar y una función central. Estas experiencias demuestran que existen abundantes beneficios que pueden obtenerse mediante la asociación y cooperación entre personas y actividades económicas individuales y pequeñas. Operando juntos es posible desplegar actividades de mayor envergadura: se puede, por ejemplo, acceder a mejores precios en el abastecimiento de insumos, o llegar a complementar actividades productivas reduciendo costos, o sustituir intermediarios mediante la comercialización conjunta, o acceder a créditos mediante avales cruzados, o aprender nuevas técnicas productivas y de gestión a través del intercambio de experiencias, etc.
El camino de la solidaridad con los pobres y los servicios de promoción social.
La realidad de la pobreza abre camino a la economía de solidaridad no sólo por el esfuerzo de los mismos pobres para hacer frente a sus necesidades y problemas. El conocimiento y contacto directo con el mundo de los pobres, por parte de personas e instituciones que se sienten privilegiadas por las oportunidades que han tenido de acceder a mejores condiciones de vida, mueve a muchos a incorporar solidaridad en su actuar económico. En cierto sentido podemos decir que este camino parte de alguna situación de riqueza -personas que tienen abundancia de recursos, un nivel profesional elevado, etc.- que lleva a los más generosos a asumir un compromiso solidario.
En términos económicos, la solidaridad de estos sectores se manifiesta en la forma de donaciones, y ha dado lugar a numerosas instituciones sin fines de lucro, que canalizan, distribuyen, intermedian y ejecutan donaciones, y a la conformación de complejos circuitos producción y distribución de bienes y servicios que pueden ser considerados como una verdadera economía de donaciones institucionales.
Cada institución que intermedia donaciones puede considerarse como una unidad económica que forma parte de la economía de solidaridad y que tiene gran relevancia para el desarrollo de ésta. Las instituciones llamadas sin fines de lucro son verdaderas empresas solidarias, que se diferencian de las empresas del mercado de intercambios básicamente en que persiguen beneficios para terceros y no para ellas mismas, y en que manifiestan en sus modos de ser y de actuar una racionalidad económica solidaria.
El camino del trabajo.
Un tercer camino hacia la economía de solidaridad parte del mundo del trabajo. El trabajo en cualquiera de sus formas y no obstante la división social y técnica que ha experimentado, es siempre en alguna medida y sentido una actividad social. Con la excepción de algunos trabajos simples y artesanales que pueden ser realizados por individuos, la mayor parte de los procesos laborales suponen y exigen la complementación y cooperación activa y directa entre muchos trabajadores. Siendo así, el trabajo genera naturalmente vínculos de solidaridad entre quienes lo realizan. Esta solidaridad se verifica por varios motivos que se refuerzan mutuamente.
Por un lado, en razón de la propia necesidad técnica de complementación entre tareas, funciones y roles que se hacen recíprocamente necesarios. Por otro, debido a que la condición de trabajador homogeniza y pone en un plano de igualdad y horizontalidad a quienes participan en un mismo proceso productivo. Finalmente, en cuanto es una experiencia humana general que el hacer algo juntos, el compartir similares objetivos e intereses, el tener parecidas condiciones de vida, el experimentar los mismos problemas, necesidades y situaciones prácticas, el convivir en un mismo lugar por períodos prolongados y el comprometerse y colaborar en la producción de una misma obra, son situaciones que llevan al establecimiento de relaciones de compañerismo y amistad entre quienes las viven.
Por todas estas razones, entre el trabajo y la solidaridad fluyen valores y energías que los potencian recíprocamente. Puede decirse que la cultura del trabajo contiene muchos elementos de cultura solidaria, del mismo modo que una cultura de solidaridad implica también una cultura del trabajo.
Por el camino que conduce desde el trabajo a la economía de solidaridad transitan distintas experiencias. Unas son las de aquellos trabajadores que no encuentran empleo satisfactorio en el mercado laboral, o que buscando otro modo de trabajo en que puedan encontrar mejores condiciones para realizarlo, experimentan formas de trabajo autónomo o independiente, mediante la creación de sus propias pequeñas unidades económicas. Muchas de esas experiencias de organización autónoma del trabajo constituyen un inicio de formas económicas solidarias en que el trabajo asume posisiones centrales. Otras son las de quienes aspirando a recuperar la dignidad y plenitud humana del trabajo, despliegan experiencias de trabajo asociativo, en empresas autogestionadas y cooperativas de trabajadores. En fin, en el marco del trabajo asalariado y dependiente, están las organizaciones sindicales y gremiales en que los trabajadores defienden y promueven sus intereses y aspiraciones comunes, y que dan lugar a múltiples formas de participación y acción solidarias. A través de estas distintas expresiones asociativas y comunitarias el trabajo está permanentemente introduciendo algo de solidaridad en las empresas y en la economía en general.
El camino de la participación social.
Un cuarto camino conducente a la economía de solidaridad se origina en las búsquedas de participación que muchas personas, grupos, organizaciones y comunidades despliegan en los más variados ámbitos de la vida social. Muchos especialmente entre los pobres, los jóvenes, las mujeres, los discriminados por diversas razones, aspiran a participar como protagonistas en las organizaciones de que forman parte y en las diversas instancias de la vida económica, social, política y cultural donde se toman decisiones importantes que afectan sus vidas.
Desde situaciones y vivencias de marginación y extrañamiento emergen constantemente iniciativas tendientes a motivar, promover y efectuar la participación social en diferentes niveles, dando lugar a organizaciones sociales que adoptan los más variados tipos y modos de funcionamiento.
La participación es expresión de solidaridad a la vez que la crea y refuerza. Es expresión de solidaridad en la medida que por ella se ejerce una actividad integradora, que compromete a las personas en una empresa y proyecto común, en cuya realización y desarrollo asumen y comparten responsabilidades. La participación configura sujetos colectivos, asociativos o comunitarios, que hacen pesar su conciencia y voluntad, sus ideas, objetivos, intereses y aspiraciones, en la toma de decisiones respecto de actividades y procesos que le conciernen. A su vez, la participación crea y refuerza vínculos, relaciones y valores de solidaridad entre quienes la realizan y en las organizaciones implicadas o afectadas por su ejercicio y por las mismas decisiones emanadas por su intermedio. La participación social implica esencialmente un proceso de constante comunicación, de intercambio de experiencias y de informaciones, de buscar el consenso a través de la puesta en común de los objetivos, ideas, intereses y aspiraciones de cada uno. En el proceso de participación y de búsqueda de las decisiones más apropiadas, se produce una aproximación de la conciencia y la voluntad de los sujetos intervinientes.
La participación social puede concebirse de dos modos: como cooperación de los dirigidos en el ejercicio de la autoridad, y como forma de gestión asociativa y solidaria. En ambos sentidos, en cualquier nivel de la organización social en que se verifique, la participación incorpora solidaridad en la economía al hacerla presente y operante en aquella función y factor tan relevante y central como es la gestión y dirección de los procesos.
El camino de la acción transformadora y de la lucha por cambios sociales.
Un quinto camino que lleva hacia la economía de solidaridad parte de aquella "conciencia social" que se expresa en la acción o la lucha por el cambio de las estructuras sociales.
Gran parte de la inteligencia humana se ha ocupado en elaborar proyectos de "nueva sociedad" y en identificar las vías y estrategias para realizarlos. Muchas son las organizaciones sociales y políticas que se plantean efectuar transformaciones en la sociedad o construir nuevas relaciones sociales, para lo cual despliegan -con diversa orientación y perspectiva ideológica- una infinidad de acciones y de luchas que involucran a numerosos grupos de personas. Existe en toda sociedad humana una energía transformadora que genera tensiones, búsquedas, acciones y conflictos que dinamizan la sociedad, impiden la autocomplacencia del orden establecido y orientan la experiencia humana por nuevos derroteros.
En la época moderna las principales energías transformadoras han estado orientadas a cambiar el "sistema económico" imperante definido como capitalista, del cual se critica la estructura de valores que exige y difunde entre las personas y por toda la sociedad (utilitarismo, individualismo, consumismo, etc.), y también los efectos desintegradores que tiene en la organización social (división de clases sociales, distribución regresiva de la riqueza, explotación del trabajo, etc.) derivados de la concentración de la propiedad y de la subordinación del trabajo al capital.
Independientemente del juicio que puedan merecernos los distintos proyectos de transformación social que se han experimentado en la época moderna, de sus reiterados fracasos e insuficiencias, de sus deformaciones ideológicas y políticas, no puede desconocerse que prácticamente todos ellos han estado presididos por la intención de construir una sociedad más justa y solidaria, y que en su desarrollo han dado lugar a expresiones notables de solidatidad.
Cuando actualmente diversos grupos que aspiran a profundos cambios sociales se encuentran desorientados; cuando los proyectos que han guiado las luchas por una mejor sociedad han sido derrotados; cuando los resultados de tanta lucha y tanto esfuerzo orientado según la lógica de la política y del poder han mostrado su precariedad e insuficiencia; cuando, no obstante todo eso, un proceso de cambios sociales profundos se hace aún más necesario y urgente; cuando un nuevo modo de acción transformadora empieza a vislumbrarse en sus contenidos y formas, enfatizando la importancia de la acción que se realiza en y desde la sociedad civil, las búsquedas orientadas en la perspectiva de la economía de solidaridad abren un camino original y una nueva esperanza que comienza a ser perseguida por muchos.
No pretendemos afirmar que sea éste el único camino posible y eficaz para encauzar las aspiraciones a una sociedad mejor a la existente; pero constituye -y así lo entienden cada vez más sectores- una forma real y concreta de transformar la sociedad, plenamente coherente tanto con los contenidos del cambio actualmente necesario como con las formas de una nueva acción transformadora que se percibe como necesario explorar
Es coherente con el objetivo que ha primado en la mayor parte de las luchas sociales, en el sentido de construir un nuevo tipo de economía, diferente a la economía capitalista de la que se critica la explotación y subordinación del trabajo, la división de clases sociales, la distribución tal desigual de la riqueza, el individualismo y el consumismo exagerados. Es coherente también con los valores que a lo largo de toda la historia moderna han orientado las búsquedas y proyectos de cambio social: la libertad, la justicia, la fraternidad, la participación. La economía de solidaridad va construyendo estos valores en la realidad cotidiana, y su acción no se desvía por supuestos atajos que postergarían su realización hasta después de logrados objetivos de poder político en vistas de cambios pretendidamente totales.
Las motivaciones que generan energías transformadoras encuentran en ella cauces coherentes. En la economía de solidaridad, en efecto, encuentran cabida y oportunidades de superación y participación los sectores sociales postergados o desmedrados en el orden económico y social establecido, y en ella pueden entregar todo su aporte creativo quienes aspiran a concretizar e impregnar la vida y el orden social con ideas y valores más altos.
El camino del desarrollo alternativo.
Un sexto camino que orienta en la perspectiva de la economía de solidaridad surge de la preocupación por el desarrollo económico. Desde hace un tiempo se ha empezado a hablar de la necesidad de "otro desarrollo", de un desarrollo alternativo, sustentable, integral. Ello porque el desarrollo económico tal como se ha dado en el mundo moderno, parece haber llegado a límites superados los cuales comienza a generar más problemas que beneficios: desequilibrios ecológicos, desintegración social, deterioro tendencial de la calidad de vida, pérdida del sentido humano del proceso, etc.
Otro desarrollo significa otra economía. Y esa otra economía que pueda conducirnos al desarrollo deseado, se descubre desde varios ángulos y por convergentes razones que ha de ser más solidaria que la actual. Cuando se piensa en un desarrollo alternativo, parece obvio que ha de implicar el desarrollo de los sectores sociales menos desarrollados económicamente; que ha de ser ecológicamente sustentable; que debe conducir a niveles superiores de integración social; que ha de estar presidido por valores de justicia y solidaridad. En todos estos sentidos, la economía de solidaridad se presenta como un camino apropiado desde el cual puede efectuar una contribución sustancial, indispensable y eficiente. Quienes buscan "otro desarrollo" porque han comprendido que el actual modo de desarrollo ya no es un proceso que garantice el logro de las aspiraciones fundamentales de los seres humanos, han empezado a encontrar en la economía de solidaridad un camino y un modo apropiado de contribuir a su realización.
El camino de la ecología.
Un séptimo camino hacia la economía de solidaridad surge de la creciente preocupación por el deterioro del medio ambiente, y de la conciencia de que los desequilibrios ecológicos se originan en la economía.
El problema ecológico surge en la relación del hombre con la naturaleza; una relación que a diferencia de la que establecen con ella los animales no es directa y natural: está mediatizada por la economía. Entre el hombre y la naturaleza se levantan, en efecto, los complejos y dinámicos procesos de producción, distribución, consumo y acumulación. La economía es, en esencia, un proceso de intercambio vital entre el hombre y la naturaleza, por el cual ambos resultan transformados.
Hasta hace algunos años existía una concepción optimista de este proceso de transformación. Se suponía que la acción del hombre sobre el medio significaba un proceso de humanización del mundo, resultante de la incorporación de lo humano en el mundo natural. Mediante su inteligencia, imaginación, creatividad, ciencia y trabajo, el hombre convertiría el paisaje natural en un paisaje humano, supuestamente superior en atención a la naturaleza superior del hombre mismo. El problema ecológico ha venido a cuestionar radicalmente esta hipótesis progresista. Los deterioros del medio ambiente nos hacen descubrir dolorosamente que el proceso de transformación de la naturaleza por la tecnología y el trabajo humano no siempre resulta positivo, pudiendo al contrario provocar desequilibrios que afectan al hombre mismo y que podrían incluso destruir la habitabilidad de la tierra.
Pues bien, si la transformación de la naturaleza y del hombre que se verifica a través del intercambio vital entre ambos puede ser humanizador y destructor al mismo tiempo, decisivo será el modo de hacer y organizar la economía. Si la ecología depende de la economía, la existencia de un serio problema ecológico pone de manifiesto la existencia de muy serios problemas en la economía tal como se encuentra organizada actualmente, al tiempo que plantea la necesidad y urgencia de desarrollar otros modos de organizarla.
Ahora bien, la indagación de las causas económicas del deterioro ecológico está poniendo en evidencia cada vez más claramente, que ellas se encuentran fundamentalmente en el modo individualista, competicional y conflictivo, concentrador y excluyente, de una economía muy poco solidaria, que no se hace cargo de graves efectos sociales y medioambientales. Y cuando se buscan soluciones concretas a los problemas medioambientales, también cada vez con mayor claridad y frecuencia se piensa en modos de producir, de distribuir, de consumir y de acumular más solidarios que los actuales.
Cuando se introduce la solidaridad en la economía, parece que las actividades económicas se tornan ecológicamente sanas. Para que la economía no implique un deterioro del medio anmbiente sino la transformación humanizadora y armoniosa de la naturaleza es preciso, en efecto, que al producir y trabajar, al utilizar los recursos y energías naturales, al apropiarnos de la riqueza y distribuirla socialmente, al consumir los productos necesarios para nuestra satisfacción, al generar y acumular los excedentes que nos sirvan en el futuro, nos preocupemos de los efectos que tienen nuestras decisiones y actividades sobre los demás y nos hagamos responsables de las necesidades de toda la comunidad, incluídas las generaciones venideras.
Así lo están empezando a experimentar quienes han comprendido los orígenes y profundidad de los problemas ecológicos y buscan consecuentemente los medios eficaces para superarlos. Tales búsquedas vienen a coincidir en la misma dirección en que procede la economía de solidaridad.
El camino de la mujer y de la familia.
El octavo camino hacia la economía de solidaridad surge de la problemática de género y de la familia. Los cambios que han afectado y continúan verificándose en la situación de la mujer, en la relación entre los sexos y en la organización de la familia, constituyen un proceso de transformación cultural que podemos considerar entre los más importantes de nuestra época. Con ellos una serie de nuevos fenómenos y tendencias aparecen en la vida cotidiana, en los comportamientos y relaciones sociales y también en las actividades económicas y políticas.
Desde la realidad de la familia en crisis y desde la situación de la mujer, surge la posibilidad de un proceso de recuperación de personalidad y comunidad a la vez; proceso que por diversas razones se orienta también en la perspectiva de la economía de solidaridad. En efecto, la crisis de la familia ha impulsado a ciertos grupos de personas a experimentar otras formas de trabajo, producción y consumo. Si en gran medida la reducción y crisis de la familia, así como la discrtiminación de género, ha sido resultado de un modo de organización de la economía, será en otro modo de organización económica que la mujer y la familia podrán realizar su vocación de manera más plena. Y muchos empiezan a descubrir que en el marco de la economía de solidaridad se torna posible crear condiciones para una recuperación de la familia como unidad social que realiza su verdadera vocación y plenitud de sentido, y para una nueva inserción de la mujer, no subordinada ni discriminatoria, en el trabajo y la sociedad.
El camino de los pueblos antiguos.
Un noveno camino hacia la economía de solidaridad es el que se origina en los pueblos y etnias originarios del continente, en las diversas comunidades indígenas que buscan rescatar sus propias culturas ancestrales y reconstituir sus tradicionales modos de vida. Los grupos indígenas constituyen en América Latina una proporción significativa de la población. No se trata de un solo pueblo de características étnicas y culturales homogéneas, sino de un archipiélago de pueblos y comunidades que tienen cada uno su propia lengua, historia, cultura, religión y modos de vida. Ninguno de ellos conserva intactas sus tradiciones, que sufrieron el impacto en muchos casos devastador de la conquista y colonización y experimentaron sucesivamente los efectos desarticuladores de la subordinación a los Estados nacionales, de su contacto con la industrialización y de su interacción con los mercados modernos. Pero permanecen latentes y vigentes en ellos los valores estructurantes de sus culturas tradicionales.
En los últimos años los pueblos indígenas han visto acentuarse su marginación económica, social y cultural, como consecuencia de la reestructuración de las economía nacionales en el marco de los procesos de modernización y de los concomitantes esfuerzos tendientes a reinsertar las economías latinoamericanas en los mercados mundiales. Esta vivencia de la marginación está despertando en muchos de ellos cierta tendencia a revalorizar sus modos tradicionales de hacer economía, sea por reacción contra un modelo económico que los excluye o por la simple necesidad de subsistir en un contexto adverso. Es también la forma en que los mismos pueblos indígenas, o sectores dentro de ellos, reafirman su identidad ante la amenaza que les plantea la homogenización cultural inducida por los medios de comunicación social. Esas culturas seculares, no obstante su progresiva desarticulación, conservan aún la vitalidad suficiente para proporcionar identidad social a esas comunidades y pueblos empobrecidos, que encuentran en ella también las motivaciones y fuerzas necesarias para luchar por su sobrevivencia.
El esfuerzo por recuperar sus valores e identidad cultural se vincula estrechamente a la revalorización de formas de trabajo, tecnología, organización, distribución y reproducción económica que objetivan aquella cultura. Formas económicas que se distinguen por consistentes elementos comunitarios y de integración solidaria. En efecto, las economías de los pueblos originarios de América Latina se caracterizaban por tener como sujeto principal a la comunidad, integrada en base a formas de propiedad comunitaria, al trabajo colectivo y a relaciones de reciprocidad y cooperación.
Este trabajo fue publicado en la revista Persona y Sociedad, Volumen XIII, , Santiago de Chile.
Luis Razeto M
¿Pueden juntarse la economía y la solidaridad?
La separación entre la economía y la solidaridad radica en el contenido que suele darse a ambas nociones. Cuando hablamos de economía nos referimos espontáneamente a la utilidad, la escasez, los intereses, la propiedad, las necesidades, la competencia, el conflicto, la ganancia. Y aunque no son ajenas al discurso económico las referencias a la ética, los valores que habitualmente aparecen en él son la libertad de iniciativa, la eficiencia, la creatividad individual, la justicia distributiva, la igualdad de oportunidades, los derechos personales y colectivos. No la solidaridad o la fraternidad; menos aún la gratuidad.
Podemos leer numerosos textos de teoría y análisis económico de las más variadas corrientes y escuelas sin encontrarnos nunca con la solidaridad. A lo más, comparece en ocasiones la palabra cooperación, pero con un significado técnico que alude a la necesaria complementación de factores o intereses más que a la libre y gratuita asociación de voluntades. Una excepción a esto se da en el discurso y la experiencia del cooperativismo; pero éste, confirmando lo dicho, ha encontrado grandes dificultades para hacer presente su contenido ético y doctrinario al nivel del análisis científico de la economía. Charles Guide expresó muy bien esta ausencia ya en 1921 en un célebre artículo titulado precísamente Por qué los economistas no aman la cooperación.
Algo similar nos ocurre cuando hablamos de la solidaridad. La idea de solidaridad se inserta habitualmente en el llamado ético y cultural al amor y la fraternidad humana, o hace referencia a la ayuda mutua para enfrentar problemas compartidos, a la benevolencia o generosidad para con los pobres y necesitados de ayuda, a la participación en comunidades integradas por vínculos de amistad y reciprocidad. Este llamado a la solidaridad, enraizado en la naturaleza humana y siendo por tanto connatural al hombre cualquiera sea su condición y su modo de pensar, ha encontrado sus más elevadas expresiones en las búsquedas espirituales y religiosas, siendo en el mensaje cristiano del amor donde la solidaridad es llevada a su más alta y sublime valoración.
Sin embargo, desde la ética del amor y la fraternidad la relación con la economía no ha sido simple ni carente de conflictos. Como en las actividades económicas prima el interés individual y la competencia, la búsqueda de la riqueza material y del consumo abundante, quienes enfatizan la necesidad del amor y la solidaridad han tendido a considerar con distancia y a menudo sospechosamente la dedicación a los negocios y actividades empresariales. Desde el discurso ético, espiritual y religioso lo común ha sido establecer respecto de esas actividades una relación "desde fuera": como denuncia de las injusticias que se generan en la economía, como ejercicio de una presión tendiente a exigir correcciones frente a los modos de operar establecidos, o bien en términos de acción social, como esfuerzo por paliar la pobreza y la subordinación de los que sufren injusticias y marginación, a través de actividades promocionales, organizativas, de concientización, etc.
La realización de actividades económicas en primera persona, la construcción y administración de empresas, con dificultad y por pocos ha sido percibida como un modo de actuación práctica del mensaje cristiano, como una vocación peculiar en la cual puedan concretizarse los valores, principios y compromisos evangélicos. Se ha destacado sí el contenido ético y solidario del trabajo, pero al hacerlo no se ha tenido suficientemente en cuenta que el trabajo es sólo una parte de la actividad económica y no puede realizarse sino inserto en organizaciones y estructuras económicas; de hecho la valoración positiva del trabajo a menudo fué presentada junto a enunciados críticos sobre la empresa y la economía en que se desenvuelve.
Es así que por mucho tiempo los llamados a la solidaridad, la fraternidad y el amor han permanecido exteriores a la economía misma. Hemos comprobado esta distancia en la acción social que instituciones cristianas realizan entre los pobres, que si bien dan lugar a verdaderas organizaciones económicas, difícilmente son reconocidas como tales. A menudo se hace necesario un esfuerzo consciente para superar las resistencias que ponen muchos de los más comprometidos con esas experiencias a considerarlas como no puramente coyunturales o de emergencia sino como un modo permanente de hacer economía de manera solidaria.
Muchas de esas resistencias se han ido superando entre nosotros desde que S.S. Juan Pablo II en su viaje a Chile y Argentina en 1987, y especialmente en su discurso ante la CEPAL, voceó y difundió con fuerza la idea de una "economía de la solidaridad" en la cual -dijo- "ponemos todos nuestras mejores esperanzas para América Latina". Tal llamado fué fundamental en la difusión e incorporación a la cultura latinoamericana de la idea de una economía de solidaridad; pero el contenido de ella permanece indeterminado e impreciso para muchos. El enunciado del pontífice no proporciona suficientes elementos como para llenar de contenido una idea de la cual se esperan tantas realizaciones. Poner unidas en una misma expresión la economía y la solidaridad aparece, pues, como un llamado a un proceso intelectual complejo que debiera desenvolverse paralela y convergentemente en dos direcciones: por un lado, se trata de desarrollar un proceso interno al discurso ético y axiológico, por el cual se recupere la economía como espacio de realización y actuación de los valores y fuerzas de la solidaridad; por otro, de desarrollar un proceso interno a la ciencia de la economía que le abra espacios de reconocimiento y actuación a la idea y el valor de la solidaridad.
Incorporar solidaridad en la economía.
Cuando decimos "economía de solidaridad" estamos planteando la necesidad de introducir la solidaridad en la economía, de incorporar la solidaridad en la teoría y en la práctica de la economía.
Decimos introducir e incorporar solidaridad en la economía con muy precisa intención. Como estamos habituados a pensar la economía y la solidaridad como parte de diferentes preocupaciones y discursos, cuando llegamos a relacionarlas tendemos a establecer el nexo entre ellas de otro modo. Se nos ha dicho muchas veces que debemos solidarizar como un modo de paliar algunos defectos de la economía, de subsanar algunos vacíos generados por ella, o de resolver ciertos problemas que la economía no ha podido superar. Así, tendemos a suponer que la solidaridad debe aparecer después que la economía ha cumplido su tarea y completado su ciclo.
Primero estaría el tiempo de la economía, en que los bienes y servicios son producidos y distribuídos. Una vez efectuada la producción y distribución sería el momento de que entre en acción la solidaridad, para compartir y ayudar a los que resultaron desfavorecidos por la economía y quedaron más necesitados. La solidaridad empezaría cuando la economía ha terminado su tarea y función específica. La solidaridad se haría con los resultados -productos, recursos, bienes y servicios- de la actividad económica, pero no serían solidarias la actividad económica misma, sus estructuras y procesos.
Lo que sostenemos es distinto a eso, a saber, que la solidaridad se introduzca en la economía misma, y que opere y actúe en las diversas fases del ciclo económico, o sea, en la producción, circulación, consumo y acumulación. Ello implica producir con solidaridad, distribuir con solidaridad, consumir con solidaridad, acumular y desarrollar con solidaridad. Y que se introduzca y comparezca también en la teoría económica, superando una ausencia muy notoria en una disciplina en la cual el concepto de solidaridad pareciera no encajar apropiadamente.
Hace un tiempo escuché decir a un connotado economista al que se le preguntó por la economía de solidaridad, que es necesario que exista tanta solidaridad como sea posible, siempre que no interfiera en los procesos y estructuras económicas que podrían verse afectadas en sus propios equilibrios. Nuestra idea de la economía de solidaridad es exactamente lo contrario: que la solidaridad sea tanta que llegue a transformar desde dentro y estructuralmente a la economía, generando nuevos y verdaderos equilibrios.
Si tal es el sentido profundo y el contenido esencial de la economía de solidaridad nos preguntamos entonces en qué formas concretas se manifiestará esa presencia activa de la solidaridad en la economía. Nuestra pregunta inicial: ¿qué es la economía de solidaridad?, se especifica en esta otra: ¿Cómo se puede producir, distribuir, consumir y acumular solidariamente?
Podemos decir inicialmente que al incorporar la solidaridad en la economía suceden cosas sorprendentes en ésta. Aparece un nuevo modo de hacer economía, una nueva racionalidad económica.
Pero como la economía tiene tantos aspectos y dimensiones y está constituída por tantos sujetos, procesos y actividades, y como la solidaridad tiene tantas maneras de manifestarse, la economía de solidaridad no será un modo definido y único de organizar actividades y unidades económicas. Por el contrario, muchas y muy variadas serán las formas y modos de la economía de solidaridad. Se tratará de poner más solidaridad en las empresas, en el mercado, en el sector público, en las políticas económicas, en el consumo, en el gasto social y personal, etc.
Hemos dicho poner "más" solidaridad en todas estas dimensiones y facetas de la economía porque es preciso reconocer que algo de solidaridad existe ya en ellas aunque no se lo haya reconocido expresamente. ¿Cómo no reconocer expresiones de solidaridad entre los trabajadores de una empresa que negocian colectivamente, aún cuando los de mayor productividad podrían obtener mejores condiciones haciéndolo individualmente, o cuando algunos llegan a poner en riesgo su empleo por obtener beneficios para todos? ¿O entre los técnicos que trabajan en equipo, compartiendo conocimientos o transfiriéndolos a otros menos calificados? ¿No es manifestación de solidaridad el sacrificio de mayores ganancias que algunos empresarios hacen a veces manteniendo empleos de los que podrían prescindir, preocupados por los efectos del despido en personas y familias que han llegado a conocer y apreciar?
Se dirá que esto sucede rara vez, o que las motivaciones no siempre son genuinamente humanitarias, y puede ser cierto. Pero el hecho es que relaciones y comportamientos solidarios existen. Por lo demás, la solidaridad tiene grados y sería un error reconocerla solamente en sus manifestaciones más puras y eminentes.
Se dice, y es cierto, que el mercado opera de manera tal que cada sujeto toma sus decisiones en función de su propia utilidad. Pero la existencia misma del mercado, ¿no pone acaso de manifiesto el hecho innegable de que nos necesitamos unos a otros, y que de hecho trabajamos unos para otros? ¿No quedan acaso excluídos del mercado aquellos productores que no están muy atentos a satisfacer en buena forma las necesidades reales de sus potenciales clientes?
Esta presencia parcial de la solidaridad en la economía se explica por el hecho que las organizaciones y procesos económicos son el resultado de la acción real y compleja de los hombres que ponen en su actividad todo lo que hay en ellos, y la solidaridad es algo que, en alguna medida, está presente en todo ser humano.
Con esto no queremos decir, por cierto, que la economía actual sea solidaria. Por el contrario, un análisis de la misma nos pone frente a una organización social y económica en que compiten por el predominio los intereses privados individuales con los intereses de las burocracias y del Estado, en un esquema de relaciones basadas en la fuerza y en la lucha, la competencia y el conflicto, que relegan a un lugar muy secundario tanto a los sujetos comunitarios como a las relaciones de cooperación y solidaridad. Los principales sujetos de la actividad económica están motivados por el interés de ganancia y por el temor a los otros y al poder, más que por el amor y la solidaridad de todos. La mencionada presencia de la solidaridad en la economía es ciertamente demasiado escasa y pobre, pero es indispensable reconocerla, por tres razones fundamentales.
La primera, por una exigencia de objetividad científica. La segunda, porque si no hubiera actualmente nada de solidaridad en la economía -en las empresas y en el mercado tal como existen- no vemos cómo sería posible pensar en la economía de solidaridad como un proyecto posible. En efecto, construirla implicaría una suerte de creación ex nihilo, de la nada. ¿De donde habría que traer esa solidaridad que habría que introducir en la economía, y cómo incorporársela si ésta fuera tan completamente refractaria que no habría permitido hasta ahora ni su más mínima expresión? No nos quedaría sino reconocer que la economía y la solidaridad han de mantenerse en su recíproca exterioridad y separación, definitivamente.
Una tercera razón por la que es importante reconocer la presencia de algo de solidaridad en las empresas y en el mercado es la necesidad de evitar el que sería un grave malentendido: pensar la economía de solidaridad como algo completamente opuesto a la economía de empresas y a la economía de mercado. La idea y el proyecto de una economía de solidaridad no los pensamos como negación de la economía de mercado o como alternativa frente a la economía de empresas. Hacerlo sería completamente antihistórico e incluso ajeno al hombre tal como es y como puede ser.
La economía de solidaridad no es negación de la economía de mercado; pero tampoco es su simple reafirmación. Ella expresa más bien, como lo iremos apreciando a medida que avancemos por sus caminos, una orientación fuertemente crítica y decidídamente transformadora respecto de las grandes estructuras y los modos de organización y de acción que caracterizan la economía contemporánea.
Las dos dimensiones de la economía de solidaridad.
Si la economía de solidaridad se constituye poniendo solidaridad en la economía, ella se manifestará en distintas formas, grados y niveles según la forma, el grado y el nivel en que la solidaridad se haga presente en las actividades, unidades y procesos económicos. Por esto podemos diferenciar en ella y en el proceso de su desarrollo dos grandes dimensiones.
Si la economía de solidaridad se constituye poniendo solidaridad en la economía, ella se manifestará en distintas formas, grados y niveles según la forma, el grado y el nivel en que la solidaridad se haga presente en las actividades, unidades y procesos económicos. Por esto podemos diferenciar en ella y en el proceso de su desarrollo dos grandes dimensiones.
Por un lado, habrá economía de solidaridad en la medida que en las diferentes estructuras y organizaciones de la economía global vaya creciendo la presencia de la solidaridad por la acción de los sujetos que la organizan. Por otro lado, identificaremos economía de solidaridad en una parte o sector especial de la economía: en aquellas actividades, empresas y circuitos económicos en que la solidaridad se haya hecho presente de manera intensiva y donde opere como elemento articulador de los procesos de producción, distribución, consumo y acumulación.
Distinguiremos de este modo dos componentes que aparecen en la perspectiva de la economía solidaria: un proceso de solidarización progresiva y creciente de la economía global, y un proceso de construcción y desarrollo paulatino de un sector especial de economía de solidaridad.
Ambos procesos se alimentarán y enriquecerán recíprocamente. Un sector de economía de solidaridad consecuente podrá difundir sistemática y metódicamente la solidaridad en la economía global, haciéndola más solidaria e integrada. A su vez, una economía global en que la solidaridad esté más extendida, proporcionará elementos y facilidades especiales para el desarrollo de un sector de actividades y organizaciones económicas consecuentemente solidarias.
En uno u otro nivel la economía de solidaridad nos invita a todos. Ella no podrá extenderse sino en la medida que los sujetos que actuamos económicamente seamos más solidarios, porque toda actividad, proceso y estructura económica es el resultado de la acción del sujeto humano individual y social.
Para expandir la economía de solidaridad es preciso que comprendamos en profundidad la conveniencia, oportunidad e incluso necesidad de construirla. Muchos hombres y mujeres, numerosos grupos humanos, han emprendido caminos prácticos de incorporación de solidaridad en la economía, y así se ha venido y está construyendo economía de solidaridad tanto a nivel global como en un sector económico especial. Tales procesos, por cierto, enfrentan múltiples obstáculos y dificultades y deben hacer frente a tendencias adversas que parecen ser hoy las predominantes. Pero lo que hacen no deja de dar resultados y abrir huellas que otros podrán después seguir con mayores facilidades. Conocer sus motivaciones y los caminos que están siguiendo en sus experiencias nos puede proporcionar abundantes estímulos y razones para no obstaculizarlos en su trabajo, para apoyarlos positivamente y para sumarnos a sus búsquedas.
Conocer esos motivos y caminos y aproximarnos a sus experiencias nos llevará a comprender cuáles son las formas y contenidos de la economía de solidaridad más consecuentemente desarrollada.
En efecto, pensamos la economía de solidaridad como un gran espacio al que se converge desde diferentes caminos, que se originan a partir de diversas situaciones y experiencias; o como una gran casa a la que se entra con distintas motivaciones por diferentes puertas. Diversos grupos humanos comparten esas motivaciones y transitan esos caminos, experimentando diversas maneras de hacer economía con solidaridad.
Esas distintas iniciativas se van encontrando en el espacio al que convergen: allí se conocen, intercambian sus razones y experiencias, se aportan y complementan recíprocamente, se enriquecen unas con otras. Los que llegan por un motivo aprenden a reconocer el valor y la validez de los otros, y así se va construyendo un proceso en el cual la racionalidad especial de la economía de solidaridad se va completando, potenciando y adquiriendo creciente coherencia e integralidad. Conociendo esos motivos y caminos, esas búsquedas y experiencias, iremos comprendiendo cada vez más amplia y profundamente qué es la economía de solidaridad y encontraremos abundantes razones para participar en ella.
El camino de los pobres y de la economía popular.
Un primer camino hacia la economía de solidaridad parte desde la situación de pobreza y marginalidad en que se encuentran grandes grupos sociales.
La pobreza, por supuesto, no es un fenómeno nuevo; pero en las últimas décadas parece haberse extendido prácticamente en todos los países latinoamericanos. Se ha extendido en cuanto al tamaño de la población afectada, que ha venido creciendo insistentemente hasta alcanzar en algunos países porcentajes que superan el 60 % de la población, y se ha profundizado en cuanto a la radicalidad e intensidad que ha llegado a tener, observándose una creciente distancia en los niveles de vida que separan a los ricos y pobres de la región. Esta expansión de la pobreza tiene causas estructurales profundas, en la reducción de las capacidades de los Estados para proporcionar soluciones a los problemas sociales, y en la acentuación del papel del mercado en la asignación de los recursos y la distribución de los ingresos. Ambos fenómenos combinados han implicado una impresionante concentración de la riqueza, junto a extendidos procesos de marginación y exclusión de grandes sectores sociales.
Como consecuencia de ello, muchas personas y grupos sociales enfrentan un agudo problema de subsistencia. Marginados de la economía oficial, se ven en la necesidad de desplegar verdaderas estrategias de sobrevivencia, realizando cualquier tipo de actividades económicas informales y por cuenta propia para obtener los ingresos que les aseguren la satisfacción de sus necesidades básicas.
Ha surgido así desde la realidad de la pobreza la economía popular, que constituye un verdadero proceso de activación y movilización económica del mundo popular. Dicha economía popular combina recursos y capacidades laborales, tecnológicas, organizativas y comerciales de carácter tradicional con otras de tipo moderno, y el resultado es un increíblemente heterogéneo y variado multiplicarse de actividades orientadas a asegurar la subsistencia y la vida cotidiana. Ella opera y se expande buscando intersticios y oportunidades que encuentra en el mercado, aprovecha beneficios y recursos proporcionados por los servicios y subsidios públicos, se inserta en experiencias promovidas por organizaciones no-gubernamentales, e incluso a veces logra reconstruir relaciones económicas basadas en la reciprocidad y la cooperación que predominaban en formas más tradicionales de organización económica. La economía popular en sus varias manifestaciones y formas contiene importantes elementos de solidaridad que es importante reconocer y destacar. Hay solidaridad en ella, en primer lugar porque la cultura de los grupos sociales más pobres es naturalmente más solidaria que la de los grupos sociales de mayores ingresos. La experiencia de la pobreza, de la necesidad experimentada como urgencia cotidiana de asegurar la subsistencia, lleva a muchos a vivenciar la importancia de compartir lo poco que se tiene, de formar comunidades y grupos de ayuda mutua y de recíproca protección. El mundo popular, puesto a hecer economía, la hace "a su modo", con sus valores, con sus modos de pensar, de sentir, de relacionarse y de actuar.
A ello se agrega el hecho de que cada persona o familia, al disponer de tan escasos recursos para realizar sus actividades económicas, necesita de los cercanos que enfrentan igual necesidad para complementar la fuerza de trabajo, los medios materiales y financieros, los conocimientos técnicos, la capacidad de gestión y organización y, en general, la dotación mínima de factores indispensable para crear la pequeña unidad económica que les permita una operación viable. Así, no es difícil encontrar elementos significativos de solidaridad en las ferias populares, entre los artesanos pobres, entre los pequeños negocios y sus clientelas locales. Incluso, al menos una parte de estas organizaciones económicas parecen ser portadoras de una racionalidad económica especial, de una lógica interna sustentada en un tipo de comportamientos y de prácticas sociales en que la solidaridad ocupa un lugar y una función central. Estas experiencias demuestran que existen abundantes beneficios que pueden obtenerse mediante la asociación y cooperación entre personas y actividades económicas individuales y pequeñas. Operando juntos es posible desplegar actividades de mayor envergadura: se puede, por ejemplo, acceder a mejores precios en el abastecimiento de insumos, o llegar a complementar actividades productivas reduciendo costos, o sustituir intermediarios mediante la comercialización conjunta, o acceder a créditos mediante avales cruzados, o aprender nuevas técnicas productivas y de gestión a través del intercambio de experiencias, etc.
El camino de la solidaridad con los pobres y los servicios de promoción social.
La realidad de la pobreza abre camino a la economía de solidaridad no sólo por el esfuerzo de los mismos pobres para hacer frente a sus necesidades y problemas. El conocimiento y contacto directo con el mundo de los pobres, por parte de personas e instituciones que se sienten privilegiadas por las oportunidades que han tenido de acceder a mejores condiciones de vida, mueve a muchos a incorporar solidaridad en su actuar económico. En cierto sentido podemos decir que este camino parte de alguna situación de riqueza -personas que tienen abundancia de recursos, un nivel profesional elevado, etc.- que lleva a los más generosos a asumir un compromiso solidario.
En términos económicos, la solidaridad de estos sectores se manifiesta en la forma de donaciones, y ha dado lugar a numerosas instituciones sin fines de lucro, que canalizan, distribuyen, intermedian y ejecutan donaciones, y a la conformación de complejos circuitos producción y distribución de bienes y servicios que pueden ser considerados como una verdadera economía de donaciones institucionales.
Cada institución que intermedia donaciones puede considerarse como una unidad económica que forma parte de la economía de solidaridad y que tiene gran relevancia para el desarrollo de ésta. Las instituciones llamadas sin fines de lucro son verdaderas empresas solidarias, que se diferencian de las empresas del mercado de intercambios básicamente en que persiguen beneficios para terceros y no para ellas mismas, y en que manifiestan en sus modos de ser y de actuar una racionalidad económica solidaria.
El camino del trabajo.
Un tercer camino hacia la economía de solidaridad parte del mundo del trabajo. El trabajo en cualquiera de sus formas y no obstante la división social y técnica que ha experimentado, es siempre en alguna medida y sentido una actividad social. Con la excepción de algunos trabajos simples y artesanales que pueden ser realizados por individuos, la mayor parte de los procesos laborales suponen y exigen la complementación y cooperación activa y directa entre muchos trabajadores. Siendo así, el trabajo genera naturalmente vínculos de solidaridad entre quienes lo realizan. Esta solidaridad se verifica por varios motivos que se refuerzan mutuamente.
Por un lado, en razón de la propia necesidad técnica de complementación entre tareas, funciones y roles que se hacen recíprocamente necesarios. Por otro, debido a que la condición de trabajador homogeniza y pone en un plano de igualdad y horizontalidad a quienes participan en un mismo proceso productivo. Finalmente, en cuanto es una experiencia humana general que el hacer algo juntos, el compartir similares objetivos e intereses, el tener parecidas condiciones de vida, el experimentar los mismos problemas, necesidades y situaciones prácticas, el convivir en un mismo lugar por períodos prolongados y el comprometerse y colaborar en la producción de una misma obra, son situaciones que llevan al establecimiento de relaciones de compañerismo y amistad entre quienes las viven.
Por todas estas razones, entre el trabajo y la solidaridad fluyen valores y energías que los potencian recíprocamente. Puede decirse que la cultura del trabajo contiene muchos elementos de cultura solidaria, del mismo modo que una cultura de solidaridad implica también una cultura del trabajo.
Por el camino que conduce desde el trabajo a la economía de solidaridad transitan distintas experiencias. Unas son las de aquellos trabajadores que no encuentran empleo satisfactorio en el mercado laboral, o que buscando otro modo de trabajo en que puedan encontrar mejores condiciones para realizarlo, experimentan formas de trabajo autónomo o independiente, mediante la creación de sus propias pequeñas unidades económicas. Muchas de esas experiencias de organización autónoma del trabajo constituyen un inicio de formas económicas solidarias en que el trabajo asume posisiones centrales. Otras son las de quienes aspirando a recuperar la dignidad y plenitud humana del trabajo, despliegan experiencias de trabajo asociativo, en empresas autogestionadas y cooperativas de trabajadores. En fin, en el marco del trabajo asalariado y dependiente, están las organizaciones sindicales y gremiales en que los trabajadores defienden y promueven sus intereses y aspiraciones comunes, y que dan lugar a múltiples formas de participación y acción solidarias. A través de estas distintas expresiones asociativas y comunitarias el trabajo está permanentemente introduciendo algo de solidaridad en las empresas y en la economía en general.
El camino de la participación social.
Un cuarto camino conducente a la economía de solidaridad se origina en las búsquedas de participación que muchas personas, grupos, organizaciones y comunidades despliegan en los más variados ámbitos de la vida social. Muchos especialmente entre los pobres, los jóvenes, las mujeres, los discriminados por diversas razones, aspiran a participar como protagonistas en las organizaciones de que forman parte y en las diversas instancias de la vida económica, social, política y cultural donde se toman decisiones importantes que afectan sus vidas.
Desde situaciones y vivencias de marginación y extrañamiento emergen constantemente iniciativas tendientes a motivar, promover y efectuar la participación social en diferentes niveles, dando lugar a organizaciones sociales que adoptan los más variados tipos y modos de funcionamiento.
La participación es expresión de solidaridad a la vez que la crea y refuerza. Es expresión de solidaridad en la medida que por ella se ejerce una actividad integradora, que compromete a las personas en una empresa y proyecto común, en cuya realización y desarrollo asumen y comparten responsabilidades. La participación configura sujetos colectivos, asociativos o comunitarios, que hacen pesar su conciencia y voluntad, sus ideas, objetivos, intereses y aspiraciones, en la toma de decisiones respecto de actividades y procesos que le conciernen. A su vez, la participación crea y refuerza vínculos, relaciones y valores de solidaridad entre quienes la realizan y en las organizaciones implicadas o afectadas por su ejercicio y por las mismas decisiones emanadas por su intermedio. La participación social implica esencialmente un proceso de constante comunicación, de intercambio de experiencias y de informaciones, de buscar el consenso a través de la puesta en común de los objetivos, ideas, intereses y aspiraciones de cada uno. En el proceso de participación y de búsqueda de las decisiones más apropiadas, se produce una aproximación de la conciencia y la voluntad de los sujetos intervinientes.
La participación social puede concebirse de dos modos: como cooperación de los dirigidos en el ejercicio de la autoridad, y como forma de gestión asociativa y solidaria. En ambos sentidos, en cualquier nivel de la organización social en que se verifique, la participación incorpora solidaridad en la economía al hacerla presente y operante en aquella función y factor tan relevante y central como es la gestión y dirección de los procesos.
El camino de la acción transformadora y de la lucha por cambios sociales.
Un quinto camino que lleva hacia la economía de solidaridad parte de aquella "conciencia social" que se expresa en la acción o la lucha por el cambio de las estructuras sociales.
Gran parte de la inteligencia humana se ha ocupado en elaborar proyectos de "nueva sociedad" y en identificar las vías y estrategias para realizarlos. Muchas son las organizaciones sociales y políticas que se plantean efectuar transformaciones en la sociedad o construir nuevas relaciones sociales, para lo cual despliegan -con diversa orientación y perspectiva ideológica- una infinidad de acciones y de luchas que involucran a numerosos grupos de personas. Existe en toda sociedad humana una energía transformadora que genera tensiones, búsquedas, acciones y conflictos que dinamizan la sociedad, impiden la autocomplacencia del orden establecido y orientan la experiencia humana por nuevos derroteros.
En la época moderna las principales energías transformadoras han estado orientadas a cambiar el "sistema económico" imperante definido como capitalista, del cual se critica la estructura de valores que exige y difunde entre las personas y por toda la sociedad (utilitarismo, individualismo, consumismo, etc.), y también los efectos desintegradores que tiene en la organización social (división de clases sociales, distribución regresiva de la riqueza, explotación del trabajo, etc.) derivados de la concentración de la propiedad y de la subordinación del trabajo al capital.
Independientemente del juicio que puedan merecernos los distintos proyectos de transformación social que se han experimentado en la época moderna, de sus reiterados fracasos e insuficiencias, de sus deformaciones ideológicas y políticas, no puede desconocerse que prácticamente todos ellos han estado presididos por la intención de construir una sociedad más justa y solidaria, y que en su desarrollo han dado lugar a expresiones notables de solidatidad.
Cuando actualmente diversos grupos que aspiran a profundos cambios sociales se encuentran desorientados; cuando los proyectos que han guiado las luchas por una mejor sociedad han sido derrotados; cuando los resultados de tanta lucha y tanto esfuerzo orientado según la lógica de la política y del poder han mostrado su precariedad e insuficiencia; cuando, no obstante todo eso, un proceso de cambios sociales profundos se hace aún más necesario y urgente; cuando un nuevo modo de acción transformadora empieza a vislumbrarse en sus contenidos y formas, enfatizando la importancia de la acción que se realiza en y desde la sociedad civil, las búsquedas orientadas en la perspectiva de la economía de solidaridad abren un camino original y una nueva esperanza que comienza a ser perseguida por muchos.
No pretendemos afirmar que sea éste el único camino posible y eficaz para encauzar las aspiraciones a una sociedad mejor a la existente; pero constituye -y así lo entienden cada vez más sectores- una forma real y concreta de transformar la sociedad, plenamente coherente tanto con los contenidos del cambio actualmente necesario como con las formas de una nueva acción transformadora que se percibe como necesario explorar
Es coherente con el objetivo que ha primado en la mayor parte de las luchas sociales, en el sentido de construir un nuevo tipo de economía, diferente a la economía capitalista de la que se critica la explotación y subordinación del trabajo, la división de clases sociales, la distribución tal desigual de la riqueza, el individualismo y el consumismo exagerados. Es coherente también con los valores que a lo largo de toda la historia moderna han orientado las búsquedas y proyectos de cambio social: la libertad, la justicia, la fraternidad, la participación. La economía de solidaridad va construyendo estos valores en la realidad cotidiana, y su acción no se desvía por supuestos atajos que postergarían su realización hasta después de logrados objetivos de poder político en vistas de cambios pretendidamente totales.
Las motivaciones que generan energías transformadoras encuentran en ella cauces coherentes. En la economía de solidaridad, en efecto, encuentran cabida y oportunidades de superación y participación los sectores sociales postergados o desmedrados en el orden económico y social establecido, y en ella pueden entregar todo su aporte creativo quienes aspiran a concretizar e impregnar la vida y el orden social con ideas y valores más altos.
El camino del desarrollo alternativo.
Un sexto camino que orienta en la perspectiva de la economía de solidaridad surge de la preocupación por el desarrollo económico. Desde hace un tiempo se ha empezado a hablar de la necesidad de "otro desarrollo", de un desarrollo alternativo, sustentable, integral. Ello porque el desarrollo económico tal como se ha dado en el mundo moderno, parece haber llegado a límites superados los cuales comienza a generar más problemas que beneficios: desequilibrios ecológicos, desintegración social, deterioro tendencial de la calidad de vida, pérdida del sentido humano del proceso, etc.
Otro desarrollo significa otra economía. Y esa otra economía que pueda conducirnos al desarrollo deseado, se descubre desde varios ángulos y por convergentes razones que ha de ser más solidaria que la actual. Cuando se piensa en un desarrollo alternativo, parece obvio que ha de implicar el desarrollo de los sectores sociales menos desarrollados económicamente; que ha de ser ecológicamente sustentable; que debe conducir a niveles superiores de integración social; que ha de estar presidido por valores de justicia y solidaridad. En todos estos sentidos, la economía de solidaridad se presenta como un camino apropiado desde el cual puede efectuar una contribución sustancial, indispensable y eficiente. Quienes buscan "otro desarrollo" porque han comprendido que el actual modo de desarrollo ya no es un proceso que garantice el logro de las aspiraciones fundamentales de los seres humanos, han empezado a encontrar en la economía de solidaridad un camino y un modo apropiado de contribuir a su realización.
El camino de la ecología.
Un séptimo camino hacia la economía de solidaridad surge de la creciente preocupación por el deterioro del medio ambiente, y de la conciencia de que los desequilibrios ecológicos se originan en la economía.
El problema ecológico surge en la relación del hombre con la naturaleza; una relación que a diferencia de la que establecen con ella los animales no es directa y natural: está mediatizada por la economía. Entre el hombre y la naturaleza se levantan, en efecto, los complejos y dinámicos procesos de producción, distribución, consumo y acumulación. La economía es, en esencia, un proceso de intercambio vital entre el hombre y la naturaleza, por el cual ambos resultan transformados.
Hasta hace algunos años existía una concepción optimista de este proceso de transformación. Se suponía que la acción del hombre sobre el medio significaba un proceso de humanización del mundo, resultante de la incorporación de lo humano en el mundo natural. Mediante su inteligencia, imaginación, creatividad, ciencia y trabajo, el hombre convertiría el paisaje natural en un paisaje humano, supuestamente superior en atención a la naturaleza superior del hombre mismo. El problema ecológico ha venido a cuestionar radicalmente esta hipótesis progresista. Los deterioros del medio ambiente nos hacen descubrir dolorosamente que el proceso de transformación de la naturaleza por la tecnología y el trabajo humano no siempre resulta positivo, pudiendo al contrario provocar desequilibrios que afectan al hombre mismo y que podrían incluso destruir la habitabilidad de la tierra.
Pues bien, si la transformación de la naturaleza y del hombre que se verifica a través del intercambio vital entre ambos puede ser humanizador y destructor al mismo tiempo, decisivo será el modo de hacer y organizar la economía. Si la ecología depende de la economía, la existencia de un serio problema ecológico pone de manifiesto la existencia de muy serios problemas en la economía tal como se encuentra organizada actualmente, al tiempo que plantea la necesidad y urgencia de desarrollar otros modos de organizarla.
Ahora bien, la indagación de las causas económicas del deterioro ecológico está poniendo en evidencia cada vez más claramente, que ellas se encuentran fundamentalmente en el modo individualista, competicional y conflictivo, concentrador y excluyente, de una economía muy poco solidaria, que no se hace cargo de graves efectos sociales y medioambientales. Y cuando se buscan soluciones concretas a los problemas medioambientales, también cada vez con mayor claridad y frecuencia se piensa en modos de producir, de distribuir, de consumir y de acumular más solidarios que los actuales.
Cuando se introduce la solidaridad en la economía, parece que las actividades económicas se tornan ecológicamente sanas. Para que la economía no implique un deterioro del medio anmbiente sino la transformación humanizadora y armoniosa de la naturaleza es preciso, en efecto, que al producir y trabajar, al utilizar los recursos y energías naturales, al apropiarnos de la riqueza y distribuirla socialmente, al consumir los productos necesarios para nuestra satisfacción, al generar y acumular los excedentes que nos sirvan en el futuro, nos preocupemos de los efectos que tienen nuestras decisiones y actividades sobre los demás y nos hagamos responsables de las necesidades de toda la comunidad, incluídas las generaciones venideras.
Así lo están empezando a experimentar quienes han comprendido los orígenes y profundidad de los problemas ecológicos y buscan consecuentemente los medios eficaces para superarlos. Tales búsquedas vienen a coincidir en la misma dirección en que procede la economía de solidaridad.
El camino de la mujer y de la familia.
El octavo camino hacia la economía de solidaridad surge de la problemática de género y de la familia. Los cambios que han afectado y continúan verificándose en la situación de la mujer, en la relación entre los sexos y en la organización de la familia, constituyen un proceso de transformación cultural que podemos considerar entre los más importantes de nuestra época. Con ellos una serie de nuevos fenómenos y tendencias aparecen en la vida cotidiana, en los comportamientos y relaciones sociales y también en las actividades económicas y políticas.
Desde la realidad de la familia en crisis y desde la situación de la mujer, surge la posibilidad de un proceso de recuperación de personalidad y comunidad a la vez; proceso que por diversas razones se orienta también en la perspectiva de la economía de solidaridad. En efecto, la crisis de la familia ha impulsado a ciertos grupos de personas a experimentar otras formas de trabajo, producción y consumo. Si en gran medida la reducción y crisis de la familia, así como la discrtiminación de género, ha sido resultado de un modo de organización de la economía, será en otro modo de organización económica que la mujer y la familia podrán realizar su vocación de manera más plena. Y muchos empiezan a descubrir que en el marco de la economía de solidaridad se torna posible crear condiciones para una recuperación de la familia como unidad social que realiza su verdadera vocación y plenitud de sentido, y para una nueva inserción de la mujer, no subordinada ni discriminatoria, en el trabajo y la sociedad.
El camino de los pueblos antiguos.
Un noveno camino hacia la economía de solidaridad es el que se origina en los pueblos y etnias originarios del continente, en las diversas comunidades indígenas que buscan rescatar sus propias culturas ancestrales y reconstituir sus tradicionales modos de vida. Los grupos indígenas constituyen en América Latina una proporción significativa de la población. No se trata de un solo pueblo de características étnicas y culturales homogéneas, sino de un archipiélago de pueblos y comunidades que tienen cada uno su propia lengua, historia, cultura, religión y modos de vida. Ninguno de ellos conserva intactas sus tradiciones, que sufrieron el impacto en muchos casos devastador de la conquista y colonización y experimentaron sucesivamente los efectos desarticuladores de la subordinación a los Estados nacionales, de su contacto con la industrialización y de su interacción con los mercados modernos. Pero permanecen latentes y vigentes en ellos los valores estructurantes de sus culturas tradicionales.
En los últimos años los pueblos indígenas han visto acentuarse su marginación económica, social y cultural, como consecuencia de la reestructuración de las economía nacionales en el marco de los procesos de modernización y de los concomitantes esfuerzos tendientes a reinsertar las economías latinoamericanas en los mercados mundiales. Esta vivencia de la marginación está despertando en muchos de ellos cierta tendencia a revalorizar sus modos tradicionales de hacer economía, sea por reacción contra un modelo económico que los excluye o por la simple necesidad de subsistir en un contexto adverso. Es también la forma en que los mismos pueblos indígenas, o sectores dentro de ellos, reafirman su identidad ante la amenaza que les plantea la homogenización cultural inducida por los medios de comunicación social. Esas culturas seculares, no obstante su progresiva desarticulación, conservan aún la vitalidad suficiente para proporcionar identidad social a esas comunidades y pueblos empobrecidos, que encuentran en ella también las motivaciones y fuerzas necesarias para luchar por su sobrevivencia.
El esfuerzo por recuperar sus valores e identidad cultural se vincula estrechamente a la revalorización de formas de trabajo, tecnología, organización, distribución y reproducción económica que objetivan aquella cultura. Formas económicas que se distinguen por consistentes elementos comunitarios y de integración solidaria. En efecto, las economías de los pueblos originarios de América Latina se caracterizaban por tener como sujeto principal a la comunidad, integrada en base a formas de propiedad comunitaria, al trabajo colectivo y a relaciones de reciprocidad y cooperación.
Este trabajo fue publicado en la revista Persona y Sociedad, Volumen XIII, , Santiago de Chile.
Luis Razeto M
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